Excepcionalmente el Domingo de Resurrección se celebra los últimos días de marzo, siendo su fecha más temprana el 22 de marzo. Pero en los primeros veinticinco días de abril suele celebrarse la Pascua del Señor, a la que sigue la cincuentena pascual.
Sin embargo, el mes de abril no queda huérfano de grandes santos y santas que, día a día, van señalando el camino de seguimiento de la vida, pasión y muerte de Jesucristo, que lleva a la participación de la vida nueva que el Señor Resucitado ofrece a sus discípulos.
Destacamos a San Francisco de Paula, fundador de los Mínimos; a San Vicente Ferrer, el valenciano apóstol de Europa; el padre Damián, San Damián de Molokai, el apóstol leproso entre los leprosos; el Hermano Rafael, San Rafael Arnáiz, propuesto como modelo a los jóvenes de hoy por el papa San Juan Pablo II; el gran San Isidoro de Sevilla con sus famosas “Etimologías” entre otras obras y a Santa Catalina de Siena, patrona de Italia, copatrona de Europa y la segunda mujer Doctora de la Iglesia. Por último, nos fijamos en la figura del Papa San Pío V, el papa de la reforma de la Iglesia en los difíciles años que siguieron al Concilio de Trento. También se le conoce como el Papa del Rosario, ya que ante la batalla de Lepanto (1571) que había de librar la cristiandad capitaneada por Don Juan de Austria para detener el expansionismo de los otomanos en el Mediterráneo, pidió que se rezase el santo rosario y por eso se instituyó la advocación mariana de la Virgen del Rosario. La imagen del santo Cristo de Lepanto, que se venera en nuestra catedral de Barcelona, iba en la nave capitana en la batalla que le ha dado el nombre.
Y como figura estelar de abril, la Virgen María, junto a su Hijo resucitado, la “Rosa de abril, morena de la sierra”, la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña y la “Morenita” de Sierra Morena, la Virgen de la Cabeza, patrona de Jaén. Ambas imágenes veneradas en nuestra parroquia expresan la unidad de la fe en la diversidad de culturas que se mezclaron enriqueciéndose mutuamente.
La cincuentena pascual nos permite profundizar nuestra propia identidad cristiana y eclesial, contemplando la pujante comunidad de discípulos que surgió en torno al Resucitado, convencidos de que Jesús vive para siempre glorioso y triunfante.
Y en este marco del misterio pascual, san Juan Pablo II instituyó el segundo domingo de Pascua, tradicionalmente llamado “Domingo in albis” (porque los neófitos llevaban las túnicas blancas de su bautismo, celebrado en la noche santa de Pascua) como Domingo de la Misericordia Divina, dejando bien clara la estrecha unión que hay entre el misterio pascual y el misterio de la misericordia de Dios.
Que las gracias recibidas en estas santas fiestas de la Resurrección del Señor, se manifiesten en abundancia de buenas obras hacia los hermanos.
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Francisco Prieto Rodríguez, pbro.
Párroco

