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A mi párroco, Mn Valentín Balaguer Planas con gratitud

Llevo 42 años ordenado como sacerdote y Mn. Valentín tuvo una parte muy importante en el desarrollo de mi vocación sacerdotal, en la parroquia de los Desamparados, del barrio de la Torrassa. Ahora que se jubila con 91 años y 53 como párroco de Nuestra Señora de los Desamparados, merecidamente le quiero expresar mi recuerdo agradecido por su ministerio sacerdotal ejercido con tanto amor, generosidad y sacrificio. Buen continuador de su admirado Mn. Jaume Busquets.

Recibí la primera comunión de manos del párroco de entonces Mn. Jaume Busquets en el año 1961. Hombre de temple y con carácter. Recuerdo que acompañé a mi padre cuando lo llamó para participar en la procesión del barrio que él organizó, encomendándole llevar el ritmo, con el tambor, en el paso del Santo Entierro. Yo también participé en ella como nazareno, así como medio barrio. Una muy buena idea del párroco para ir integrando el aluvión de inmigrantes de Murcia, Andalucía y Extremadura.   

Alrededor de la parroquia giraba la vida del barrio, teniendo mucha importancia el colegio de “los curas” y el de “las monjas”. Muchos domingos, de críos, íbamos al cine “de los curas”. Allí vi la película “Fabiola” que, al contemplar el sufrimiento de los mártires, me llevó a confesarme con el cura. Esta fue una de las primeras veces. Vagos recuerdos, el de la muerte de un vicario joven en el confesionario y de la muerte de Mn. Jaume. Tuve una infancia feliz con las primeras letras, el “entierro de la sardina” y el ambiente de las fiestas populares en la calle.

Cuando le nombran el año 1969 párroco a Mn. Valentín, yo ya estoy por la vida parroquial y en todos los grupos se celebra con contento su nombramiento. Es el sacerdote que está, que deja hacer, que sin protagonismos se convierte en un punto de referencia. A partir de los 14 años, como tantos otros del barrio, paso a trabajar de día en una gestoría y continuar el bachillerato superior, por libre, por la noche. Y entre la “Legión de María”, el grupo excursionista, el inicio del escultismo en sus primeros intentos de implantación en la parroquia y las colonias de verano para niños, fue abriéndose paso la idea del sacerdocio y Mn. Valentín fue guiando ese discernimiento.

Todo empezó en una Misa de Nochebuena. Presidía Mn. Valentín. La casulla blanca, las flores blancas, el incienso, el canto del salmo 97. Una liturgia bien hecha como siempre le ha gustado. Lo cierto es que al acabar la celebración de la Misa me fui a la capilla del Santísimo y recé sin saber qué rezaba. Pero Dios había entrado en mi vida. Y se lo consulté a mi párroco, a Mn. Valentín.

Me dijo que siguiese haciendo mi vida normal, pero que fuese a Misa cada día que pudiese y que hablásemos cuando tuviese alguna duda. Hablar con él en el despacho se fue convirtiendo en algo habitual y cuando me dijo que podía tener vocación yo no tenía ni idea de cómo se hacía un cura. Era un mundo desconocido. Mi referencia era la parroquia y su párroco. Poco a poco me fue guiando y pude ir clarificando el camino y las dudas que se presentaban. 

Habitualmente me confesaba con él, en el confesionario, y no puedo decir que me  causara ningún trauma. En la Misa diaria y en la buena dirección espiritual de Mn. Valentín, fue haciéndose la luz en mi alma y, con la ayuda de la gracia de Dios y sin volver la vista atrás, inicié la aventura de seguir a Jesucristo. Era el año 1971, con 17 años, con el apoyo de Mn. Valentín y con la desolación de mi familia que se oponía rotundamente.

El 25 de mayo de 1980, Mn. Valentín asistió a mi ordenación sacerdotal y el 31 de mayo, fiesta de la Santísima Trinidad, celebré mi Primera Misa en mi parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados, junto a Mn. Valentín.

Recuerdo aquellos años con emoción y gratitud. Fueron tiempos felices de juventud y la parroquia y Mn. Valentín, mi párroco, forman una parte imborrable de mi historia.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Septiembre 2022

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