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Editorial

Año de San Isidro Labrador

 

El 12 de marzo de este año del Señor, se cumplieron los 400 años de la canonización de San Isidro Labrador, junto a tres españoles más: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa de Jesús. Los consejeros del Papa Gregorio XV, le sugirieron que para no ser solo españoles los nuevos santos, añadiera a la canonización a San Felipe Neri.

A simple vista y dada la gran talla humana y espiritual de los santos canonizados, la figura de San Isidro, un humilde labrador, parecería ser la añadida a compartir la gloria de tanta santidad reconocida. Pero no fue así.

El santo ya previsto para ser canonizado el 12 de marzo de 1622 por el Papa Gregorio XV era, y solo él, San Isidro Labrador. En aquellos momentos el luteranismo avanzaba con fuerza incidiendo en la “sola fe” y la Iglesia, en la vida del humilde labriego de Madrid, vio la oportunidad de ofrecer a todos los católicos un modelo de vida cristiana al alcance de todos y sobre todo, de los más humildes. Isidro, labrador asalariado, esposo y padre, humilde y sencillo, honesto y trabajador, con una fe vivida sin tapujos y públicamente demostrada, tenía siempre abierta su corazón y su puerta a los más necesitados. Por eso su culto se extendió rápidamente por la Iglesia, en una sociedad predominantemente agrícola, y su imagen más popular con los bueyes arando conducidos por los ángeles mientras Isidro rezaba, se podía encontrar prácticamente en todas las iglesias y capillas del mundo católico hasta la actualidad.

Hasta entonces, las canonizaciones normalmente eran de uno en uno, pero la Divina Providencia, y a través de las circunstancias humanas, agrupó a este ramillete de santos.

El primer elevado a la gloria de los altares fue, pues, San Isidro Labrador. Teniendo ya al santo principal en su sitio, después vino San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri.

Terminada la ceremonia de canonización, las calles de Roma presenciaron una solemne procesión en la que se visitaron las iglesias más vinculadas a los nuevos santos. Así, desde San Pedro y cruzando el río Tíber, la procesión se dirigió a Santa María in Vallicella, donde está el Oratorio, fundación de san Felipe Neri; luego a la iglesia de Santiago de los Españoles, para rendir homenaje a san Isidro Labrador. Desde allí, la procesión se dirigió a la iglesia de Gesù, donde están los grandes altares de san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier, y luego a la iglesia carmelitana de Santa María della Scala, en el Trastévere, para rendir homenaje a Santa Teresa de Jesús.

Y ahora nosotros, tenemos el gozo de celebrar estos 400 años de canonización de nuestro patrón celebrando, por especial concesión de nuestro Cardenal Arzobispo Mons. Juan José Omella, el “Año de San Isidro Labrador” , que él mismo inaugurará el próximo día 16. De esta manera, en la única parroquia de Cataluña que tiene a este santo como titular, podremos profundizar en la santidad a la que estamos llamados por el Bautismo, en la vida ordinaria, trabajando, formando una familia, educando a los hijos y siendo honestos, honrados y trabajadores en lo que se nos encomiende y buenos cristianos en todo momento y con toda persona que se cruce en nuestros caminos.

Una fe con obras, las de nuestro santo patrón, en una vida ordinaria en medio de sus paisanos, pero grande a los ojos de Dios.

Cuando hablamos tanto de cómo vivir nuestro compromiso cristiano y dedicamos tiempo y tiempo a reflexiones y proyectos, a la luz de San Isidro Labrador podemos decir que vivir cristianamente es cumplir los mandamientos de la Ley de Dios y de la santa Madre Iglesia. Y sobre el tan traído y llevado voluntariado, San Isidro y su mujer Santa María de la Cabeza, nos enseñan que la caridad no tiene horarios ni programas y que hay que estar disponibles para atender al prójimo en sus necesidades, cumpliendo así las Obras de Misericordia corporales y espirituales.

Las rosas que se reparten tradicionalmente el día de su fiesta nos hablan de la fragancia de lo bello y del trabajo que hay que hacer para conseguirlo. Y los “panecillos de San Isidro”, nos alientan a compartir el pan de cada día con los hermanos más necesitados.

Que este año que iniciamos nos lleve a ser más santos y más buenos hijos de la Iglesia, brillando en nuestras buenas obras la fe que profesamos y que hemos recibido como gracia de Dios. 

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Mayo 2022