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El Actuar de Nuestro Dios

Aunque hoy día tengamos motivos para la preocupación y casi la desesperanza, el reino de Dios sigue llegando gracias a Cristo y su Espíritu. Dada nuestra afición a la programación, a la eficacia productiva, al éxito rápido y espectacular, a la estadística y al porcentaje, es frecuente la impaciencia por los frutos visibles y palpables. Impaciencia que aplicamos a todos los sectores, tanto eclesial y pastoral como familiar y educacional. 

Uno quisiera ver crecer rápidamente en nosotros mismos y en los demás un cristianismo pujante y cargado de frutos. Pero al ver la realidad que no se ajusta a nuestro querer, sin darnos cuenta vamos cediendo al desaliento y a la desesperanza, creyendo que estamos perdiendo el tiempo. He aquí un desafío constante a la esperanza cristiana.

La actuación de Dios tiene un dinamismo silencioso pero imparable y fructificará a su tiempo. No le apliquemos criterios mundanos de eficacia inmediata, porque esos no son los baremos del reino de Dios.

Los medios deslumbrantes y avasalladores no suelen ser los medios de Dios, pues como dice san Pablo: “El que planta no significa nada, ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, Dios” (1Cor 3,7). Él es el único que salva, no por la fuerza sino mediante la paradoja de la debilidad con que, poco a poco, va creciendo el reino de Dios dentro y fuera de nosotros.

El reino de Dios es su reinado de amor, justicia, paz y santidad; es la soberanía de su voluntad. Por eso en el padrenuestro, a continuación de la petición “Venga a nosotros tu reino”, añadimos en seguida: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, porque éste es el camino para la venida del reino.

Si esto se consigue en nuestra vida personal y en el entorno eclesial, familiar y social en que nos movemos, se ha realizado lo más importante y fundamental de nuestra condición de discípulos de Cristo.

En este nuevo curso pastoral que comenzamos ahondemos en la oración y la contemplación, para captar la gratuidad de Dios (parábola de la semilla que crece sola) y para dar su valor a las cosas pequeñas, a la suave sonrisa, a los gestos sencillos y cercanos que nos hacen saber esperar, aguardando con fe esperanzada, la gloriosa venida del Señor

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Septiembre 2024

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