Este año 2026 se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís, acaecida el día 3 de octubre de 1226 y por eso se celebra un año jubilar.
Les invito a ver la película “Hermano sol, Hermana luna”, película biográfica de San Francisco de Asís, dirigida por Franco Zeffirelli en 1972. Fue nominada a la mejor dirección artística. La película intenta establecer paralelismos entre la obra y la filosofía de San Francisco y la ideología que sustenta el movimiento contracultural mundial de los años sesenta y principios de los setenta del pasado siglo.
En la contracultura, no se pretende adquirir poder político, más bien se desea vivir con libertad, sin preocuparse de las propias leyes establecidas por la sociedad. Se busca el cambio en las normas establecidas, lo que llega a provocar disputas entre la sociedad.
La contracultura no está contra la propia cultura, sino contra la forma en que esta se encuentra impartida y vivida.
En ese deseo profundo del ser humano de vivir en plenitud y con libertad, San Francisco de Asís sigue siendo testimonio de valores evangélicos muy actuales: la pobreza y la humildad, el desprendimiento de los bienes materiales, la alabanza y la confianza total en Dios; el amor a la naturaleza, a los animales y a toda la creación; el deseo de paz y fraternidad. Creó el primer pesebre y recibió los estigmas• poco antes de morir. En este año jubilar recordemos su figura y hagamos nuestro su mensaje. “Las florecillas de San Francisco” pueden ser una buena lectura para acercarnos a él, ya que todos buscamos la perfecta alegría en nuestra vida, tan a menudo sobresaltada por dudas, incertidumbres y contradicciones.
Nos dice San Francisco en el capítulo VIII de las Florecillas: “Por encima de todas las gracias y de todos los dones del Espíritu Santo que Cristo concede a sus amigos, está el de vencerse a sí mismo y de sobrellevar gustosamente, por amor de Cristo Jesús, penas, injurias, oprobios e incomodidades. Porque en todos los demás dones de Dios no podemos gloriarnos, ya que no son nuestros, sino de Dios; por eso dice el Apóstol: ¿Qué tienes que no hayas recibido de Dios? Y si lo has recibido de Él, ¿por qué te glorías como si lo tuvieras de ti mismo?. Pero en la cruz de la tribulación y de la aflicción podemos gloriarnos, ya que esto es nuestro; por lo cual dice el Apóstol: No me quiero gloriar sino en la cruz de Cristo. A Él sea siempre loor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”
Francisco Prieto Rodríguez, pbro.
Párroco

