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Oración y trabajo

 

     El “Ora et labora” de san Benito de Nursia (Nursia 480 – Montecasino 547), rige  los monasterios benedictinos, como el de Montserrat, y fundamenta los cimientos de Europa. La regla benedictina distribuye sabiamente los tiempos del día dedicados a la oración y al trabajo y educa las relaciones humanas de la convivencia monástica, a través de la educación y modelaje del corazón.

    Dios se convierte así en el pilar de la sociedad humana que se siente llamada a dar lo mejor de cada uno de sus miembros. Toda acción, en armonía, contribuye al bien común y en todo se da gloria a Dios.

    Así lo respiró nuestro santo patrón Isidro, de profesión labrador. Casado y padre de familia. Trabajador por cuenta ajena, asalariado, porque no tenía más riqueza que sus brazos y su trabajo. Pero si algo sobresalía en su persona y su actuación, era la fe recibida de sus mayores. Así lo demostró a lo largo de su vida en las variadas situaciones, nada fáciles, que le tocaron vivir. En Dios puso su confianza y no quedó defraudado. 

    Un año más, al celebrar la fiesta de nuestro patrón parroquial, lo contemplamos como un ejemplo a seguir poniendo en práctica el lema benedictino “Oración y trabajo” que tan bien supo practicar en su trabajo, familia y sociedad que le rodeó.

    Sus padres seguramente vivieron u oyeron explicar el paso de las reliquias de san Isidoro de Sevilla, llevadas por los cristianos escapando de la dominación musulmana, hasta su destino final en León, donde se veneran actualmente, en la colegiata románica que lleva su nombre. Tanto les pudo impactar este hecho que a su hijo le pusieron de nombre Isidoro que se transforma en Isidro.

    No le dejaron bienes materiales a su hijo, pero le dejaron el tesoro de la fe que iluminó toda su vida y su comportamiento. Rezó siempre poniendo a Dios el primero a quien servir y alabar y trabajó para ganarse el sustento diario para él y su familia. La puerta de su casa y su corazón, siempre estuvieron abiertas a los que lo necesitaban. Y Dios nunca lo dejó de la mano.

    El humilde labrador, siendo un laico, padre de familia, vivió en la práctica, quizás sin saberlo, el ideal de San Benito y así lo recordamos. Y como Dios siempre hace sus guiños, fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1622, y a la canonización fueron añadidos, ni más ni menos, que Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri. Todos estos reconocidos santos, estuvieron encabezados por un humilde labrador.

    Que la celebración de nuestra fiesta parroquial nos ayude a todos, rezando y trabajando honradamente, a acercarnos a Jesucristo y a nuestros hermanos. 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Mayo 2025

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