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Mes del Sagrado Corazón de Jesús

Aunque el cénit de la devoción cristiana al Corazón de Jesús lo marcan las revelaciones de Cristo a Santa Margarita María de Alacoque en el siglo XVII, ya  San Bernardo, abad de Claraval, en el siglo XII, manifestaba su devoción a la humanidad de Jesús. Más tarde, en el siglo XVI, San Juan de Ávila predica y da forma a la veneración del corazón de Cristo. Y San Juan Eudes,  en el siglo XVII, la populariza y consigue incluirla en la liturgia.

Jesús mismo quiso dejarnos los rasgos definitorios de su personalidad, hasta formar su autorretrato en el lienzo del Evangelio. “Yo soy el pan de vida, bajado del cielo” para alimentar la debilidad humana. “Yo soy la luz del mundo” para iluminar las tinieblas de la humanidad. “Yo soy el buen pastor” para conducir a los seres humanos. “Yo soy el camino, la verdad y la vida” para que caminéis rectamente. “Venid a mí, todos los cansados y agobiados, que yo os aliviaré”.

El Evangelio es la carta del Padre anunciando una alegría profunda, un gozo íntimo. El evangelista Juan confiesa: “A Dios no lo ha visto nunca nadie; pero el Hijo que está en su seno nos lo ha revelado”. “Cuando recéis decid: ¡Padre nuestro!»

Consecuencia práctica de esta buena noticia de la paternidad divina y la fraternidad humana es el anuncio de Jesús de su última voluntad: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros”. Y el consejo ignaciano: “El amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras”, para que no quedara duda de que el amor cristiano es cuestión de práctica.

El corazón que palpitó por los caminos de Galilea, que recibió el lanzazo, sigue latiendo tras la resurrección. El Cristo definitivo, actual, nos muestra como signo-síntesis de su personalidad la llaga de su pecho, que da acceso a su Corazón, al Corazón que tanto ha amado a los hombres. 

Pero la correspondencia al amor de Cristo tiene que completarse con la imitación. San Ignacio de Loyola lo formuló lúcidamente: “Pedir conocimiento interno de Cristo, para más amarle y seguirle”.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro.

Párroco

 

Editorial junio 2026

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