Nuevas Oportuniades
Muchos años hace ya que la fiebre de la novedad y del cambio por el cambio entró en nuestra sociedad. Fuera lo antiguo y viva la innovación continua. Ya nadie se acordaba que san Francisco de Sales advertía que un arco no podía estar en continua tensión. La tensión que provoca estar al día y la búsqueda constante de novedades nos ha llevado a un estado de estrés y crispación que hace que uno de los grandes peligros que nos amenazan sea la salud mental.
El vestir, las costumbres, la liturgia, la sustitución de los textos sagrados “antiguos” por lecturas más modernas y “entendibles”; las plegarias eucarísticas inventadas y las canciones del grupo “folk” de turno. El ansia de vivir el cambio llevó a olvidar el tesoro de la liturgia y del canto que habían dado la unidad católica de la fe. Podías estar en Estonia y seguir la Misa católica por conocer su estructura y partes definidas. Y con la carrera por la innovación nos encontramos que de una parroquia a otra los cantos son diferentes; la estructura de la liturgia quedaba al arbitrio del presidente de la celebración y, en vez de encontrarte en la unidad católica de la fe, te encontrabas esperando a ver con qué nos iban a sorprender ese día. Si no todo era así, gracias a Dios, muchas parroquias punteras en juventud y actividades vivieron esa euforia de “compromiso y acción”, que priorizaba la acción sobre la contemplación y la oración.
Estos ambientes afectaron, como no, a la catequesis de la primera comunión y de la confirmación. La piedad se sustituyó por libros, generalmente bien editados, que eran difíciles de digerir aún por los adultos; así se llegaba a la primera comunión sabiendo apenas el Padrenuestro. La Confirmación tenía su punto álgido con la lectura del “Manifiesto” y todos tan contentos.
Hablar de los Diez Mandamientos, de los cinco Mandamientos de la Santa Madre Iglesia y del Santo Rosario se consideraba trasnochado. El precepto dominical pasó a ir a Misa cuando “lo sientas”. Entrar en el abandono de la piedad y de la estética religiosa pediría una reflexión sobre las ideas que entraron en la sociedad en los años sesenta y setenta del siglo pasado.
Hoy nos encontramos con el descenso de la natalidad; este curso escolar ha empezado con 14.300 niños menos. El aborto, el divorcio y la erosión de la familia, se quieren presentar como un avance de la sociedad. Los adultos no saben ya, en muchos casos, sus raíces culturales y religiosas.
Por eso necesitamos orar y repensar nuestra realidad desde la esperanza para crecer en el estilo evangélico, en la cercanía a Dios y en la presencia y testimonio en el mundo de nuestras comunidades.
Empezamos noviembre con la gran fiesta eclesial de Todos los Santos, que pone en comunión a la Iglesia que peregrina en la tierra con la Iglesia del cielo. Al día siguiente, la conmemoración de Todos los fieles difuntos nos invita al recuerdo piadoso de quienes nos precedieron con el sino de la fe y duermen ya el sueño de la paz. Buena oportunidad en este mes de profundizar en nuestras raíces familiares, religiosas y culturales.
También en esta hoja parroquial les ofrecemos las propuestas pastorales para un proceso de renovación eclesial comunitaria coincidiendo con la nueva organización pastoral y territorial de nuestra archidiócesis y el inicio del pastoreo de nuestro Papa León XIV, Vicario de Cristo, al frente de la Iglesia universal.
Francisco Prieto Rodríguez, pbro.
Párroco




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