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Editorial

Un nuevo curso pastoral

Igual que cuando no funcionan los semáforos, circular y caminar se convierte en un peligro, cuando nuestra sociedad olvida que hay unas leyes y reglamentos para la vida personal y comunitaria, nos deslizamos hacia el caos.

Nos extrañamos de comportamientos antisociales y olvidamos que la persona y sus circunstancias son muy complejas y que no basta con hacer reglamentos, normas o leyes, si no se ha educado la mente y el corazón en unos principios basados en el sentido común y en el discernimiento del bien y del mal.

Si no hablamos de la cultura del esfuerzo en el estudio, en el trabajo y en la convivencia, se potencia un individualismo feroz e irreal, convirtiéndose cada persona en epicentro de todos los demás; cargándose solo de derechos sin ninguna obligación.

Lo que nadie aceptaría para un deporte y una música (la falta de esfuerzo y práctica, de una manera constante y dura), se acepta para la educación y la vida espiritual. Aunque no apruebes, pasas de curso, se dice, para no traumatizar; y de esta manera abocamos a la persona hacia el fracaso y al vivir sin el mínimo esfuerzo. Después nos escandalizamos cuando no se siguen las normas sociales para evitar contagios, en bien de la misma persona y de los demás.

Si no hay una educación del corazón; si no se ayuda y potencia el esfuerzo personal; si no decimos la verdad de que la vida pide esfuerzo y sacrificio, estamos abocando a las futuras generaciones hacia el abismo. 

Un nuevo curso pastoral no tiene nada que inventar, pues siguen siendo actuales, y nunca del todo asumidos en la vida cotidiana, los principios que han de regir la vida del católico: observancia y cumplimiento de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios y los Cinco Mandamientos de la Santa Madre Iglesia. 

Se resumen en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. En esto se sintetizan la Ley y los Profetas. 

Nuestra pretensión en este nuevo curso pastoral que Dios nos concede, es que, en medio de las incertidumbres que nos rodean, sigamos manteniendo en nuestra parroquia los dos ejes principales sobre los que ha de girar nuestra vida cristiana: el Culto y la Caridad. Dios lo primero y como consecuencia de nuestro encuentro con Dios, la atención al hermano.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Septiembre 2021