¿Quieres recibir información de interés de la Parroquia?

Hoja parroquial, horarios, celebraciones, notificaciones…

Editorial

Sic transit Gloria mundi

 

Así pasa la gloria del mundo, se le decía al nuevo Papa el día de su coronación, cuando se quemaba un poco de lino delante de él, antes de ser coronado con la tiara pontificia. El hoy San Pablo VI fue el último Papa coronado, con la tiara que le regaló la archidiócesis de Milán de la que era arzobispo en el momento de su elección como Obispo de Roma y sucesor de Pedro. 

Contemplando al Resucitado vemos cómo pasa la gloria del mundo cuando nos fijamos en sus llagas gloriosas y su cuerpo glorificado. Solo Él triunfa del pecado y de la muerte. La Pascua es la invitación a la esperanza, al sentido común, a los valores que hacen felices a las personas; la celebración que anualmente nos invita a no malgastar la vida por cosas que dejaremos aquí…..

¿De qué le vale a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?

La Biblia nos advierte con lealtad lo pequeño que es el hombre. Entonces, para comenzar un camino de renovación, la oración, imprescindible, ha de comenzar por reconocer nuestra pequeñez, ser conscientes de nuestra condición de criaturas.

El Salmo 8, después de haber reconocido que el hombre tiene en él mismo una marca de grandeza, se apresura a precisar: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?”

El Salmo 37 aconseja: “No te exasperes por los malvados, no envidies a los que obran el mal: se secarán pronto, como la hierba, como el césped verde se agostarán”.

El malvado es el que no se apoya en el Señor, pues se orienta hacia “otros señores”. Pero el salmista le dice al justo: “Confía en el Señor y haz el bien: habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad; sea el Señor tu delicia, y Él te dará lo que pide tu corazón”.

Solo Dios puede satisfacer los deseos del corazón humano y el salmista continúa: “Mejor es ser honrado con poco que ser malvado en la opulencia”. Sin embargo, a menudo el justo parece un derrotado y el malvado parece un vencedor y la certeza del hombre de fe es que, consciente de su pequeñez, puede apoyarse en el único Grande y dejarse abrazar por Él.

San Agustín Roscelli, sacerdote genovés del siglo XIX, afirmaba: “En el paraíso encontraremos a personas que no han sido ni mártires, ni obispos, ni sacerdotes, ni teólogos…pero no encontraremos ni una sola persona que no haya sido humilde”. Sin humildad no se llega a Dios. Abramos los ojos y no repitamos los mismos errores que está cometiendo una humanidad sin Dios.

Celebrar la Pascua es dejar que el espíritu del Señor Resucitado, que sabe de nuestras acciones y desventuras nos libere y nos salve. Debemos acercarnos a Jesús con la verdad de lo que somos: ¡somos pequeños y somos pecadores! Pero ahí se da el prodigio: delante de la humildad, Dios manifiesta su deseo de perdón y reconciliación. Jesús es la buena noticia del amor de Dios; Dios no solo nos perdona, sino que, al abrazarnos nos regala la posibilidad de amar como ama Él.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Abril 2024