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Editorial

Fracaso y Oportunidad

Estudios recientes nos dicen que Cataluña y España son un fracaso ejemplar en abandono escolar y desempleo. También hemos pasado de la era industrial a la era digital. Se han relativizado los títulos académicos y se priman  capacidades y habilidades. Estamos en un mundo en cambio acelerado, en el que hay que aprender cada vez más y más rápido.

Hace ya muchos años, los más innovadores no pedían solo títulos y certificados, sino capacidades reales. Para evolucionar y superar lo caduco, valoraban el pensamiento crítico, la creatividad para ofrecer alternativas y la gestión de la complejidad y la diversidad.

Estas capacidades  son imprescindibles para abrir un futuro más esperanzador, porque la realidad cada vez es más diversa y compleja y pide saber funcionar con auténticos equipos de trabajo.

En el ámbito religioso, experimentamos una descristianización en el que las nuevas generaciones no solo no están en contra de la religión católica, sino que viven prescindiendo de ella. Desaparece una generación de católicos que no tienen relevo y si no somos capaces de presentar lo esencial y diferencial de nuestra religión y la centralidad de Jesucristo, no seremos sal y luz ni para el presente ni para el futuro. No somos unos agentes socioculturales ni una oenegé. 

Tanto en lo civil como en lo religioso debemos reconsiderar nuestros planes educativos y evangelizadores. La desaforada “titulitis” sin contenido y las “fórmulas” evangelizadoras nos ofrecen un panorama que, si no fuese por la fe en el Señor Jesús, sería desolador, sin esperanza.

Jesucristo nos invita a que sepamos transformar la realidad, para mejorar la vida de las personas sin distinción. Con la fuerza del Espíritu Santo, podemos transformar nuestros fracasos en nuevas oportunidades.

Para la nueva época debemos ofrecer una cultura amplia, de claro humanismo cristiano, con una apuesta clara por la exigencia, el esfuerzo y la disciplina autoimpuesta. Y una religión que se acerque al corazón de la persona que sigue buscando autenticidad, rehuyendo fórmulas o recetas prefabricadas, como si Dios estuviera a nuestro servicio y para lo que nos conviene. Tenemos la oportunidad de ofrecer el Misterio de Cristo desde la fidelidad a los Sacramentos y al Magisterio de la Iglesia. Y aceptando ser un “pequeño rebaño” y signo de contradicción para nuestro mundo.

Nos espera una sociedad de todos los colores, credos y edades, por lo que tenemos que aprender a gestionar nuestra fe en el ámbito de esa nueva cultura.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.