Santos y Santas de Dios, Rogad por Nosotros

“Todo es por Cristo oportuno y si yo supiera un día, que bailando yo podía salvar el alma de alguno, yo os juro que bailaría”. Esta hermosa y profunda frase pertenece a San Juan Bosco, el santo fundador de la Congregación Salesiana, conocido por su entrega total a la juventud y su alegría evangélica. Y también la encontramos en la obra teatral El divino impaciente del escritor gaditano José María Pemán, que la pone en labios de San Francisco Javier.

La fiesta de Todos los Santos nos hace ver la diversidad de formas de vivir haciendo el bien, amando al hermano por amor de Dios, a través de diferentes épocas y situaciones de las más diversas. El común denominador de santos tan diversos, podríamos decir que es el intento de dominar el “yo”, fuente de todos los males; buscar y poner a Dios como principio y fin de la existencia humana y transmitir, más con hechos que con palabras, que más vale amar, perdonar y ser misericordiosos que todos los tesoros del mundo. Vivir en paz consigo mismo y con los demás es el ejemplo de tantos hombres, mujeres y niños que intentaron hacer de todos los momentos de su vida una ofrenda agradable a Dios y que ahora la santa Madre Iglesia nos propone como ejemplo e intercesores.

Un año más, la celebración de Todos los Santos nos recuerda que la santidad está en nuestras posibilidades, con nuestro esfuerzo y la gracia de Dios. Sed santos, como vuestro Padre celestial es santo, nos dice el Señor y también que no olvidemos que de qué sirve ganar el mundo entero, si perdemos el alma. 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro.

Párroco

 

Editorial noviembre 2026

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