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    Editorial

    Especialistas en lavar los pies

     

    La Semana Santa es el culmen del tiempo cuaresmal en el que hemos viajado a nuestro interior con un corazón contrito y humillado por nuestros pecados y debilidades. Y la Semana Santa es el despegue del tiempo pascual en que volvemos a alegrarnos, en Cristo y con Cristo, porque a pesar de nuestras fragilidades y pecados, contra Dios y los hermanos, Él nos ha lavado y purificado con su sangre y resurrección.

    Vivir pascualmente es poner en práctica las renuncias a Satanás, el espíritu del mundo, y confesar que Jesús es el Señor de la historia y de mi vida. Antes de nuestro bautismo renunciamos a Satanás y confesamos que Jesús es el Hijo de Dios y que murió y resucitó de entre los muertos. Y después del Bautismo fuimos ungidos con el Santo Crisma, aceite perfumado consagrado en la Misa Crismal por el Obispo diocesano, junto con su presbiterio, para significar que somos propiedad de Dios y que en toda nuestra vida hemos de desprender el buen olor de Cristo. Además, se nos revistió con un vestido blanco rezando para que el pecado no ensucie la pureza adquirida por el Bautismo. Y se nos dio la luz de Cristo con un cirio encendido en el cirio pascual, símbolo del Cristo Resucitado, diciéndonos que el pecado no apague la luz de Cristo en nuestra vida.

    En la Semana Santa las celebraciones nos llevan a contemplar el amor de Dios por la humanidad y por cada uno de nosotros. Cómo Jesucristo entrega su vida por lavar nuestros pecados y abrirnos las puertas del cielo, llevando una vida santa. No dejemos de lado el vivir esos días santos que nos ofrecen esperanza y siempre una nueva oportunidad. Para muchos esos días han pasado a convertirse en las vacaciones de primavera. Para los creyentes, estén donde estén, siguen siendo los días santos de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

    De nuevo en nuestros tiempos, tenemos que elegir y no perder lo que es principal en nuestra vida de seguidores de Jesucristo: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Saber elegir y no perder la identidad cristiana. Nada fácil. Por eso, el Jueves Santo, en vez de la institución de la Eucaristía leemos el evangelio de san Juan con el lavatorio de los pies. ¿Por qué? Pues porque el relato de la institución eucarística era bien conocido en la comunidad cristiana, pero lo que flojeaba era el amor fraterno; por eso se nos recuerda que debemos hacer lo que hizo nuestro Maestro y Señor: lavarnos los pies los unos a los otros. Es decir, servirnos unos a otros, no despreciar a nadie, no creernos superiores a los demás…De esta manera nos dice el Señor, -y la Iglesia que lo celebra y hace presente sacramentalmente-, que esta es la condición para acercarnos a comulgar el Cuerpo de Cristo. Cada uno de estos días santos nos ayudan a no olvidar nuestra identidad cristiana y nos dan las claves para vivir nuestra vida como sal y luz en medio de la sociedad.

    Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

    Párroco.

     

    Editorial Abril 2025