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Editorial

En la fiesta de nuestro santo patrón

Queridos hermanos en la fe, feligreses de nuestra parroquia de San Isidro Labrador, de l’Hospitalet y Barcelona.

Nos disponemos a celebrar un año más San Isidro. Miramos su ejemplo y pedimos su intercesión. Cierto que las circunstancias hacen que cosas, ciertamente bonitas y tradicionales como las rosas y los panecillos, no adornen nuestra celebración patronal, pero no resta ni un ápice a nuestra devoción al santo y a la protección que le pedimos para nosotros, nuestras familias y nuestro mundo.

En estos momentos, urge asomarse al mundo que se aproxima y reflexionar sobre él.

Dicen que vamos hacia una nueva normalidad, pero no se concreta de qué manera. Necesitamos aterrizar en lo concreto, pues se utilizan en demasía generalidades y tópicos que tapan y ocultan una realidad que ya está siendo difícil y dura para muchas personas.

Un buen diagnóstico, por duro que sea, siempre nos posibilita el poner medios adecuados para buscar soluciones. Lo que es erróneo y fatal es no afrontar la realidad y dejar que nos desborde sin haber tenido posibilidad de encajarla y mejorarla.

Tenemos por delante la reflexión sobre nuestro estilo de vida personal, sobre como vivimos el ámbito familiar y en que tipo de sociedad nos movemos y que valores o contravalores estamos transmitiendo.

En nuestro santo patrón tenemos aspectos que nos pueden iluminar porque son los fundamentales para todas las épocas: una vida familiar sencilla y discreta, que hace el bien sin estridencias y en la que abunda lo principal: el amor, la fe y la esperanza en Dios.

El confinamiento ha puesto a prueba nuestra manera de vivir y las relaciones interpersonales. Somos lo que somos, sin maquillajes y sin evasiones. Hemos tenido muchos días para pensar, para convivir, para valorar lo que es importante para nosotros y para prescindir de lo que no lo es.

Esto nos invita a saber escoger como ha de ser nuestra manera de vivir en esta nueva etapa de nuestra historia personal y colectiva.

Como fieles católicos hemos tenido que ayunar de los sacramentos de la Iglesia, agarrándonos a la fe en Cristo y valorando lo importante y fundamental en la vida cristiana.

Estamos experimentando lo que son “paredes maestras” del edificio de la Iglesia, es decir, la necesidad de los sacramentos para la vida cristiana y la caridad y lo que son “tabiques” o determinadas actividades, formas y tradiciones de las que se pueden prescindir o cambiar según las circunstancias. Invitación directa a que sepamos, en nuestra vida, diferenciar lo que es fundamental de lo que es complementario. San Agustín, recordemos, dice que el amor es una perla preciosa que el que la tiene, no necesita nada más y que si no se tiene, todo lo demás no basta.

En la fragilidad de la vida y en el dolor de la muerte, estamos encontrándonos de nuevo como seres humanos, sin distinciones ni privilegios.

En este tiempo que llevamos confinados he rezado, además de los misterios del Rosario correspondientes al día, el misterio de la Crucifixión y Muerte del Señor, por todos los enfermos y los que los cuidan y por los difuntos que han muerto solos y por sus familiares que no se han podido despedir de ellos. Y el misterio de la venida del Espíritu Santo, para que este tiempo sirva para renovar nuestra alma y la faz de la tierra.

Como bien sabéis, la misión del párroco no es solo organizativa, sino que tiene la misión de ser el pastor, a imagen del Buen Pastor, que conduce y guía la comunidad parroquial. Por eso debe rezar cada día por la feligresía a él encomendada y ofrecer la Santa Misa dominical, de manera especial, por los feligreses vivos y difuntos.

En este tiempo que llevamos confinados, Mn. Alberto y servidor estamos celebrado cada día la Santa Misa, rezando por todos vosotros y por nuestro mundo y Mn. Agustín, ofreciendo su enfermedad y cuando le es posible, concelebrando con nosotros. Gracias a Dios estamos bien, con el deseo de que podamos abrir pronto  nuestro templo al culto público. El P. Francesc S.I. sigue bien y continua en su comunidad religiosa.

Nos duele el dolor de tantas personas víctimas de la pandemia y nos preocupa las consecuencias económicas desfavorables para tantas familias que ya se están produciendo.

A estas alturas ya sabemos que el día de San Isidro, lo celebraremos a puerta cerrada, pero seguiremos pidiendo su intercesión para que todos tengan salud, trabajo y esperanza y que sobre todo, se viva en nuestra sociedad con respeto mutuo, buscando siempre el bien común y con la mano  extendida al más necesitado.

Recordemos que en toda circunstancia, podemos ser un faro en la tempestad de alguien.

Aprovecho también para agradecer públicamente, en nombre de mis hermanos sacerdotes, vuestra constante oración i solicitud por nosotros.

Recibid nuestro afecto y bendición.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro.

Párroco

10 de mayo de 2020. Domingo V de Pascua.