Puntos de luz para el mundo
Han pasado los meses, pero los efectos de la tragedia de la gota fría que afectó a la Comunidad Valencia, Castilla-La Mancha y Andalucía se siguen notando en las personas y en las casas afectadas. La sorpresa y la fragilidad experimentadas ante la naturaleza incontrolada ha ido pasando del torbellino informativo mostrando el dolor y la destrucción causada en personas y enseres, a la lenta reconstrucción y al dolor por los seres perdidos. Los sobrevivientes perdieron lo que tenían para vivir y todas las cosas y recuerdos de su historia personal y familiar.
Pero lo que nunca olvidarán fueron los miles de voluntarios, que dejándose llevar por las emociones y el corazón, se lanzaron a ayudar a los damnificados. Aportaron no solo el duro trabajo de limpiar, salvar y reconstruir, sino que dieron calor humano y manos fraternales tendidas a los que sufrían. Eran, en medio de tanta oscuridad, puntos de luz.
Todos los voluntarios aportaban esperanza y trabajo; pero también había muchísimos jóvenes, llamados de la generación del cristal, que surgían con fuerza y determinación caminando hacia los que sufrían. Jóvenes llenos de entusiasmo enfangándose para ayudar a los que necesitaban ayudas, pero sobre todo, el sentirse acompañados en tanto dolor.
Jóvenes de una nueva generación; como todas, con sus limitaciones y carencias, pero llenos de generosidad y corazones abiertos que es lo que de verdad se estaba necesitando en esos momentos de desgracia e infortunio.
Estrenamos un nuevo año y lo hacemos poniéndonos bajo la protección de santa María, Madre de Dios, porque somos conscientes de nuestra fragilidad. Pero el Señor nos ha dado un signo de esperanza para nuestro mundo con tantos jóvenes que se convirtieron en puntos de luz y esperanza en medio de la oscuridad de la tragedia vivida.
La generosidad de tantos voluntarios en general, y con los jóvenes de una nueva generación en particular, con su testimonio, su calor humano y determinación, se convierten en semillas de esperanza para este nuevo año que Dios nos concede, convirtiéndose en puntos de luz y esperanza para nuestro mundo.
Francisco Prieto Rodríguez, pbro.
Párroco.




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!