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    Editorial

    Volver a Tiempos Más Sencillos

    Un nuevo mes de mayo, florido y hermoso, el mes de las flores, nos invita a mirar a la flor más hermosa de la creación, la Virgen María, madre del Señor. En la humildad de Belén, de Nazaret, de Caná de Galilea, …nos sigue diciendo “haced lo que Él os diga”.

    El tiempo pascual llega a su plenitud con Pentecostés y la efusión del Espíritu Santo sobre María y el colegio apostólico, y la súplica de la Iglesia peregrina pidiendo que venga a nosotros el Espíritu del Señor Resucitado y renueve nuestros corazones y la faz de la tierra.

    Y, como no, como cada quince de mayo, la festividad de nuestro santo patrón San Isidro Labrador. Continúa teniendo mucho que decirnos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Como la mayoría de nosotros, era de procedencia humilde, de gente trabajadora que se ganaba el sustento con el trabajo de sus manos. Era un asalariado. Un buen cristiano que tenía a Dios como referencia absoluta de su vida. Antes de ir a trabajar o al volver a su casa, la visita al Señor era lo principal del día. Formó una familia y tuvo un hijo, pero su humilde casa siempre estuvo abierta a todo aquel que llamaba a la puerta. Dificultades tuvo como las tiene todo el mundo. Vivir honradamente del fruto de su trabajo no le libró de la maledicencia de las lenguas viperinas que en todo se meten y que quisieron manchar la honestidad y fidelidad de su mujer, también santa y que veneramos como Santa María de la Cabeza.

    Estuvo a punto de ver morir a su hijo ahogado en un pozo, pero la oración ferviente de ese santo y humilde matrimonio hizo que Dios obrase uno de sus milagros más conocidos popularmente. Casi tanto como el de cuando oraba en medio del trabajo fatigoso de la labranza, los ángeles del Señor le ayudaban para que no se distrajera de la oración que le dirigía al Señor.

    Hoy día, todo se ha complicado mucho. La modernidad nos hace vivir con mucha complicación las cosas más ordinarias y hacen muy difícil las relaciones humanas incluso con los más próximos. Saber tener una escala de valores ayudaría mucho a nuestra manera de vivir y cuidaría nuestra salud mental. No todo es importante; hay que saber priorizar y, en muchas ocasiones, saber decir que no a tantas y tantas cosas que se nos proponen. Vivir con sencillez, con el auxilio de la gracia de Dios, nuestra cotidianidad, como la Virgen María en Nazaret y San Isidro Labrador cuidando su familia y ganándose el pan de cada día con su esfuerzo en los campos de labranza.

    Que nuestra parroquia que se honra con la protección San Isidro Labrador viva de tal manera que Jesucristo sea conocido y amado.

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    Francisco Prieto Rodríguez, pbro.

    Párroco

     

    Editorial mayo 2026