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Editorial

Espiritualidad y formación

 

Los tópicos, modas y respetos humanos son grandes obstáculos para la vida cristiana, pues nos condicionan de tal forma que la manera de vivir pierde su categoría de “vida cristiana” para ser como la mayoría. Podemos seguir creyendo, pero dada la intensidad de la presión ambiental, cada vez más se hace de forma personal y privada, para no molestar mucho a los que piensan de diferente manera. Hoy por hoy, es la gran mayoría, con los medios de comunicación al servicio de las “nuevas verdades” y los, supuestamente, logros adquiridos.

El Adviento, de nuevo, nos invita a la esperanza de que Dios no nos abandona, si nos volvemos hacia Él. La Virgen María, cuya figura resalta en este tiempo litúrgico, es modelo para nosotros de confianza y abandono en Dios; también intercesora y nos recuerda que el camino de Dios siempre tiene como resultado el bien y la salvación. Eso sí, al estilo de Dios y no del mundo, como contemplaremos durante el tiempo de Navidad. En lo más escondido de la tierra y fuera del circuito de los poderes del mundo, Dios se hizo carne de nuestra carne para que nosotros pudiésemos acercarnos a Él. Pastores y reyes, que el mundo separa por clases y categorías, se encuentran en el mismo portal de Belén adorando al Niño Dios. Es tan hermosa la escena que los ángeles no pueden dejar de estar contemplando el milagro que Dios puede hacer en los corazones que se le abren. Pastores, ángeles y reyes contemplando al Salvador y Redentor y a la Virgen María y a San José. La Virgen María, la madre del Señor, y San José, el Custodio del Hijo de Dios, son modelos de vida entregada en Dios, por encima de los criterios del mundo. 

María y José sufrieron las incomprensiones de sus convecinos y de los que les rodeaban, pero supieron escoger bien y pusieron a Dios por encima de todo otro criterio mundano.

En estas fiestas navideñas, la liturgia nos invita a celebrar la Sagrada Familia que se nos ofrece como modelo e intercesión para nuestras familias. La familia es el tesoro más grande que podemos tener en esta tierra. Hay que saber cuidarla y evitar todo lo que la pueda destruir. Dios, en su infinita sabiduría, nos ha dado la familia donde podemos crecer, madurar y ser nosotros mismos, envueltos en amor, comprensión y aceptación. Qué mejor que encomendar nuestras familias a la Sagrada Familia de Nazaret.

Qué hermoso es este tiempo de Adviento y Navidad que nos ofrece este intenso mes de diciembre.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Diciembre 2022