¿Quieres recibir información de interés de la Parroquia?

Hoja parroquial, horarios, celebraciones, notificaciones…

Editorial

Peregrinos de la verdad

 

En este mes llegamos a la cumbre de la Cuaresma con la gran celebración del Triduo Pascual y el inicio del tiempo Pascual. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida y nadie va al Padre sino por mí, nos dice  Jesús, el Señor. Por eso lo contemplamos y bebemos de su Palabra salvadora.

En la vida cristiana, la celebración de la Pascua es el centro y el eje de todo el año: comienza con la Vigilia Pascual, se prolonga durante cincuenta días hasta Pentecostés, y se celebra cada domingo.

La estructura de la cincuentena pascual ha permanecido prácticamente invariable desde finales del siglo V, y en las últimas reformas litúrgicas, Pentecostés ha vuelto a ser el último día de la cincuentena, como colofón, recuperando su propia identidad. Así se describe en las Normas Universales sobre el Año Litúrgico. Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se celebran con alegría y júbilo, como si se tratara de un único día de fiesta o, mejor aún, de un “gran domingo»”.

A lo largo de esas siete semanas, lo que se celebra es el misterio de la glorificación de Cristo. Resurrección, ascensión y envío del Espíritu Santo no son celebradas como fiestas aisladas o episodios sucesivos acontecidos en el tiempo, sino como aspectos de un solo y único misterio.

Fiel a la tradición litúrgica universal, la reforma del Concilio Vaticano II ha reservado estos libros del Nuevo Testamento para que sean leídos durante el tiempo pascual en las celebraciones litúrgicas: Hechos de los Apóstoles, primera Carta de Pedro, primera Carta de Juan, Apocalipsis y Evangelio de Juan. Todos estos libros adquieren una significación peculiar al ser leídos e interpretados desde la perspectiva del misterio pascual.

Así pues, tenemos el tiempo pascual para que, después de la purificación del alma a través de la penitencia, la oración y la caridad como ejes existenciales,  profundicemos en lo que nosotros somos en razón de nuestra comunión con Jesús resucitado, ahondando en nuestra propia identidad cristiana y eclesial.

Podríamos decir que esta experiencia, renovada año tras año, viene a ser como una actualización periódica del Apocalipsis: victoria de la vida sobre la muerte, de la verdad sobre el error, de la alegría sobre el llanto, de la luz sobre las tinieblas; inauguración de la nueva Jerusalén, del cielo nuevo y de la tierra nueva. Así ha de vivir la comunidad nacida de la pascua de Jesús, que por la fuerza de su Espíritu la anima y la mantiene en la unidad.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

 

Editorial Abril 2022