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Editorial

No todo vale

Estamos asistiendo a un cambio de época. Lo que se está desarrollando ante nuestros ojos es la disipación de la cortina de humo, construida por la ideología occidental que gobernó el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Un mundo en el que el progreso de la tecnología, el comercio y la democracia liberal debían garantizar la dulzura, la calma y el placer…

Los niños mimados que hicieron el “mayo del 68” han gobernado el mundo durante 50 años. Con el pretexto de que los antiguos habían engendrado dos guerras mundiales y todo tipo de abominaciones, se han dado el derecho de juzgar y condenar su herencia. Pero, ¿lo hicieron mejor? Poseedores de un poder desmesurado sobre la sociedad, sobre las mentes y sobre el medio ambiente, llevaron al límite su concepción de la libertad: libertinaje político, libertinaje moral, liberalismo económico.

Ahora tenemos cierta perspectiva histórica y unas cuantas constataciones. El mundo (en realidad, «Occidente») se cree más rico, más libre y con más conocimientos que nunca. Sin embargo, lejos de generar los tiempos felices, pacíficos y prósperos prometidos, la ideología dominante ha producido desesperación, desilusión, despilfarro, divisiones, drogas, violencia, libertinaje, suicidios, angustia… en definitiva ha sido un gran engaño. Los nietos de la generación que tenía 20 años en 1968 no son más felices ni viven en un mundo mejor. Durante 50 años se ha pretendido construir un mundo de ocio y consumo para todos, como máximo exponente de una supuesta felicidad.  

Pero el humo se ha ido despejando. El virus Covid-19, la guerra de Ucrania y las sucesivas crisis han cuestionado los ídolos fabricados por la mano del hombre. Todo ha resultado ser «vanidad y aflicción de espíritu» (Ecl 1,14).  Al prescindir del Buen Dios, de su liturgia e incluso de su Nombre, nuestra sociedad basada en el humanismo, la ciencia, la política y la economía se ha extraviado. Lejos de liberar al hombre, lo ha cegado, esclavizado y hechizado.

En un vídeo un hombre decía: «Mi abuelo caminó 16 km, mi padre 8 km, yo conduzco un Cadillac, mi hijo un Mercedes y mi nieto conducirá un Ferrari… pero mi bisnieto volverá a caminar». Pero mi bisnieto volverá a caminar. ¿Por qué? Porque los tiempos difíciles hacen hombres fuertes, los hombres fuertes hacen tiempos fáciles, los tiempos fáciles hacen hombres débiles y los hombres débiles hacen tiempos difíciles.

Han vuelto los tiempos difíciles… En cierto modo es una buena noticia: nuestros nietos volverán a caminar, serán más pobres, pero vivirán con más sentido la vida que se nos ha concedido.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Julio 2022