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    Editorial

    Buscar el bien común

    El nuevo curso pastoral y académico nos lleva a planificar y pensar en los meses que tenemos por delante, como si fuera, y en la práctica lo es, un inicio de año. Todos, pequeños y grandes, de profesiones liberales, nuevas modalidades o artesanales, estamos llamados a buscar el bien común, dejando individualismos que nos llevan a la división, enfrentamientos y sufrimiento de los siempre más débiles. 

    Parece una contradicción que, al lado de tanta innovación, seamos tan cortos de vista que, por nuestro egoísmo e individualismo, olvidemos que trabajar por el bien común nos ha de llevar a unir fuerzas y superar antagonismos y peculiaridades personales. 

    Cuando sumamos las diferencias y trabajamos unidos, nos enriquecemos y nos hacemos fuertes en la búsqueda de soluciones. Cuando los protagonismos y miopías se adueñan de nosotros, no vemos, o no queremos ver, la realidad que nos envuelve, quedándonos en luchas fratricidas por imponer nuestra manera de pensar y nuestros reglamentos, tan a menudo distantes de las necesidades reales de la convivencia.

    Un mundo mejor pasa por la colaboración generosa entre todos los que habitamos el planeta, los países y las zonas donde vivimos. Cada uno de nosotros es corresponsable del bien común y de las leyes que en los diez mandamientos de la Ley de Dios, están establecidas. Que se resumen en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

    Los creyentes sabemos que amar a Dios sobre todas las cosas es reconocer nuestra fragilidad y que solo Él es santo. Que necesitamos de su amor y gracia que nos enseña a vivir escogiendo el camino del bien y rechazando el camino del pecado que lleva a la destrucción del ser humano. Y que la norma que sirve para todas las generaciones es la de tratar a los demás, como yo quiero que me traten. 

    En este mes de septiembre celebramos, no las fiestas de “la” Mercè, sino las fiestas de la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona, que se apareció a San Pedro Nolasco para confortar e iluminar su corazón, para redimir y salvar, el cuerpo y el alma, de los cristianos apresados por los musulmanes en el Mediterráneo. Así los primeros religiosos “mercedarios” rescataban vidas, llegando hasta intercambiarse por los prisioneros.

    El ideal del espíritu de la Virgen de la Merced sigue vigente en nuestros días pues nos invita a liberarnos y liberar a los que nos rodean, de las esclavitudes que actualmente atenazan a las personas y a la sociedad. Que la Virgen santísima de la Merced nos ayude a salir de nosotros mismos, para colaborar en la salvación de todo aquél que sufre a nuestro lado.

    Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

    Párroco.

    Editorial septiembre 2025