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Con Dios todo es posible
En este mundo nuestro faltan muchas cosas y sobra dolor y tristeza. Se ha dicho que la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da mucha más luz. Es fácil caer en el olvido de Dios cuando todo marcha bien, a nuestro gusto, pero cuando la vida aprieta y sacude, el que más y el que menos acude a Dios y reza, cada uno a su modo.
Acudir a Dios para pedir y olvidarse de Él, es falta de gratitud y corrección. Y hoy se mira más al suelo que al cielo. Miramos demasiado a la tierra; necesitamos mirar más al cielo. Recordemos que san Pablo dice: “Buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; gustad las cosas de arriba, no las de la tierra”.
Se ha dicho que “la mucha ciencia acerca a Dios y la poca ciencia aleja de Él”. La poca ciencia junto con la soberbia de creer que se sabe todo, aleja de Dios. La verdadera ciencia es el conocimiento del universo. Y el universo es obra, creación de Dios. La fe es el asentimiento a la palabra de Dios. No puede haber contradicción entre lo que Dios dice y lo que hace. El conocimiento de lo que Dios ha hecho -ciencia-, no puede contradecir lo que Dios ha dicho -fe-.
Cuando en la vida se pone en primer lugar el dinero o cualquier otro bien material, no se puede ver a Dios. Eso se convierte en un ídolo y oculta al Señor, pues “nadie puede servir a dos señores”. Conviene estar alerta para no confundir el querer propio con el querer de Dios.
Un cristiano tiene que ser realista, objetivo. Pero ser objetivo es contar, no solo con sus posibilidades, sino con las posibilidades de Dios. Y las posibilidades de Dios son infinitas. El optimismo es el realismo para el cristiano. Ante la marcha de nuestro mundo, ante el panorama que vemos a nuestro alrededor, tendemos a pensar que no hay nada que hacer. Pero desde la fe, nosotros contamos con Dios y, con Dios, todo es posible. Aquí hay mucho que hacer y se parte del sano realismo que nos hace ver que las cosas son como son, y yo con mi fe, esperanza y caridad puedo, si no cambiarlas, sí mejorarlas.
Que santa María, causa de nuestra alegría, nos bendiga y que por su intercesión lleguemos al cielo en el que desde su Asunción nos espera.
Francisco Prieto Rodríguez, pbro.
Párroco.
Editorial agosto 2025