En estos inciertos tiempos…

Editorial Abril

Queridos hermanos,

Las terribles circunstancias de esta pandemia, nos ofrece una nueva oportunidad para rebajar nuestro orgullo y soberbia.

¿Recordáis en la Biblia el pasaje de la torre de Babel?

Hemos querido hacer un mundo mejor prescindiendo de Dios y confiados a las solas fuerzas humanas. Y ahora todo se derrumba como un castillo de naipes.

Lo que permanece y nos hará salir hacia delante, es el sacrificio y la generosidad de tanta gente. A la fuerza, volvemos a lo básico en las relaciones humanas y tenemos que convivir con los más cercanos, que quizás eran con los que menos convivíamos.

Esta sociedad que quería aprobar la eutanasia, se da cuenta de lo importantes que son los mayores y lo desamparados que están en muchos casos.

Dios actúa en circunstancias que no entran en nuestra mente y nos educa a través de los acontecimientos salvíficos que se nos ofrecen en la Divina Revelación.

El rey Salomón lo tenía todo y, en su libertad, se apartó de Dios, la fuente de todo bien. Apartarse de Dios llevó división y enfrentamiento al pueblo elegido y rompió el reino en dos partes: Israel y Judá. Más débiles y enfrentados entre ellos, fueron fácil presa de sus enemigos.

Desterrados en Babilonia, se dan cuenta de lo que han perdido y de las infidelidades cometidas. Pero Dios nunca abandona y allí precisamente se escriben páginas inspiradas de la Biblia y renace la esperanza.

Esperemos que así suceda en estos tiempos que nos tocan vivir.

Estamos viviendo una cuaresma diferente y nos acercamos a celebrar la Semana Santa, los días más importantes del año cristiano, con los templos cerrados. Pero la Santa Iglesia, aún en estas circunstancias, seguirá celebrando el misterio de Cristo muerto y resucitado.

Es una oportunidad para vivir la Semana Santa uniéndonos espiritualmente a las celebraciones de nuestra parroquia, que os detallamos a continuación.

Aún a puerta cerrada, seguimos celebrando cada día la Santa Misa teniendo muy presentes el dolor y la generosidad de tantas personas a nuestro alrededor.

Que en esta nueva Pascua brille la Luz de Cristo y disipe las tinieblas del sufrimiento y dolor de tantos hermanos nuestros.

En nombre de Mn. Agustín, Mn. Alberto, P. Francesc y en el mío propio, recibid nuestra bendición.

Francisco Prieto, pbro.

Párroco.

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