Nos Hiciste, Señor, Para Ti…

Agosto es un mes mariano en el que brilla la Asunción de María, pues el proyecto que Dios tiene para todos sus hijos, se hace realidad en la entrada de la Madre en cuerpo y alma en los cielos. Hay otras fiestas marianas, como la Virgen de las Nieves, Santa María Reina y tantas advocaciones marianas con sus fiestas patronales en pueblos y ciudades de toda España. Alrededor de la Virgen María, grandes santos la honran y veneran, formando una aureola de santidad a su alrededor. 

Santo Domingo de Guzmán, el primer español fundador de una orden religiosa, la Orden de Predicadores, que ha llenado el cielo de santos y las bibliotecas de libros. Y San Agustín, cuya regla ha inspirado tantas órdenes y congregaciones. 

Las protectoras de los ancianos Santa Teresa de Jesús Jornet y Santa Juana Jugan. El gran San Bernardo y la patrona de la televisión Santa Clara de Asís. San José de Calasanz el iniciador de la enseñanza pública y San Alfonso María de Ligorio, activo predicador y confesor que renovó la moral de su tiempo. Siguen alabando a Nuestra Señora a su alrededor, el Cura de Ars, San Juan Mª Vianney, San Rosa de Lima, San Pío X y San Maximiliano Mª Kolbe….

Pero San Agustín es, sin duda, el más grande de los Padres de la Iglesia y uno de los genios más eminentes de la humanidad. Su influencia durante los siglos ha sido permanente, profunda y universal.

Desde Santo Tomás de Aquino, al santo cardenal Newman, desde Pascal o Descartes a Guardini, Blondel o De Lubac, por solo citar algunos nombres eminentes, pasando por un ingente número de sabios y santos, han tenido su escuela en el vasto saber y el profundo sentir de este gran santo africano.

Los teólogos le dieron el título de Doctor de la Gracia, pero el pueblo sencillo prefirió “el más sabio de los santos y el más santo de los sabios”.

Agustín de Hipona fue filósofo, teólogo, místico, humanista, poeta, orador, polemista, escritor y pastor. Esta figura genial de la Iglesia de Cristo acertó a compaginar, en admirable consorcio y delicada conjunción, la razón y la fe, la libertad y la gracia, la religión y la cultura, el orden y la armonía. Humanista de vastos saberes y eclesiástico de hondas creencias, se supo, una vez convertido, todo de Dios, todo en Dios y todo para Dios.

 

Sus obras siguen haciendo mucho bien y su trayectoria personal buscando la Verdad y a Dios, nos siguen animando a buscar la hermosura infinita de Dios en nuestro corazón. Este mes de agosto se puede aprovechar para conocer un poquito más a este gran santo, del que nuestro Papa León XIV es hijo espiritual.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro.

Párroco

 

Editorial agosto 2026

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