Santos y pecadores
Por Jesucristo estamos llamados a la santidad de vida y lo primero que tenemos que hacer es darnos cuenta de nuestra fragilidad y reconocer nuestros pecados y limitaciones. Iniciar nuevas etapas de la vida se hace con la ayuda de la gracia de Dios y el esfuerzo personal. Esta combinación es lo que celebramos en la fiesta de Todos los Santos y el sufragio que ofrecemos en la conmemoración de Todos los fieles difuntos.
Cuando alguien sufre heridas emocionales, el primer paso para la curación es darse cuenta de lo que nos pasa y comunicarlo, además de si es necesario ayuda de tipo psicológico, a un buen confesor y director espiritual. Teniendo en cuenta que las soluciones rápidas son una excepción, pues hay que afrontar el sufrimiento humano para sobrevivir, curarse y crecer.
El camino es aceptar las propias limitaciones, tratando de vivir la verdad de quien eres realmente y siendo honrado contigo mismo. Se puede conseguir poniendo en la vida coraje, fortaleza, ternura y capacidad de amar.
Los santos son las personas que en su vida buscaron la salvación personal sin descanso, equivocadamente en muchos casos, pero perseverando en encontrar el sentido profundo de la vida que solo Jesucristo puede ofrecer. Así pues, no nos convertimos a valores impersonales ni siquiera a la búsqueda y lucha de una nueva humanidad. La entrega a los pobres y excluidos de la tierra suele ser un paso de la conversión a Dios. Pero esta entrega sin más no es conversión cristiana. Convertirse al Dios de Jesucristo es la relación fundamental que se regenera en la conversión y, a partir de ella, se regeneran las demás relaciones fundamentales. La conversión es ante todo, una nueva manera de situarnos ante Dios.
Las historias de los santos nos invitan a no dejar de buscar la verdad de la vida y la vida eterna que solo el Hijo de Dios nos puede conceder.
Además, caer en la cuenta de que todo en este mundo es pasajero nos lleva a rezar por nuestros difuntos que, para los creyentes, no están “donde estén” como dice tanta gente, sino que por la fe en Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nosotros esperamos encontrarnos con nuestros seres queridos en el reino de la luz y de la paz.
Francisco Prieto Rodríguez, pbro.
Párroco.




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