San Isidro al estilo de San José

El relativismo moral que atenaza a nuestro mundo fue descrito por el entonces Cardenal Ratzinger, antes del Cónclave en el que sería elegido Papa el 19 de abril del 2005, tomando el nombre de Benedicto XVI. Ante este mundo nihilista y materialista que considera que, al final, todo se reduce a la nada y que nada tiene sentido; donde se rechazan todos los principios religiosos y morales y desprecian las virtudes cristianas, que tachan de anticuadas y traumáticas, podemos acudir a San José y a un buen discípulo suyo, San Isidro Labrador.

Ante todas las tragedias que acosan a la humanidad, les pedimos que guíen nuestros pasos por el camino de la paz. La paz de Dios no es solo ausencia de guerras, sino tener todas las condiciones necesarias para poder vivir dignamente y donde se respete a las personas, a la vida desde su concepción y a la creación que hemos recibido de Dios.

Es especialmente significativo que Isidro haya subido a los altares siendo un hombre de su casa, respetuoso con su mujer e hijo, a los que llevaba el pan cotidiano con su trabajo, cuando la casi totalidad de los santos que la Iglesia propone como modelos de vida cristiana, gozan de una consagración que los pone en estado de vida diferente de la mayor parte del pueblo de Dios. Isidro ejerció de casado toda su vida. Y se santificó con el trabajo cotidiano y la vida familiar. Un sencillo labriego. De ahí el patronazgo que ostenta como patrón del campo español. Son infinitas las ermitas, capillas e iglesias dedicadas en su honor por España y América, y las plegarias que le dirigen en los momentos de sequías o heladas.

Hoy podría resaltarse en él que era un laico y su vida familiar. Es un santo cercano al común de los mortales. Isidro Labrador y María de la Cabeza forman uno de esos pocos matrimonios que la Iglesia ha elevado a los altares. Y nos presenta al hombre que se santificó con su trabajo diario y su vida familiar. 

Como San José, para san Isidro Dios era siempre lo primero y dejaba que fuera Él quien condujese su vida.  

Es aleccionadora la anécdota del Papa Benedicto XV, allá por el año 1916, cuando paseando con algunos cardenales, les dijo: “He disfrutado estos días leyendo unos cuadernillos de una monjita carmelita francesa que murió a finales del siglo pasado. Santidad, comentó uno de los acompañantes, ¿se trata acaso de Sor Teresa del Niño Jesús que murió tísica a los 24 años en 1897? –Sí ciertamente. Así se llama. Una doctrina maravillosa y una vida encantadora. Creo que el Señor quiere que la propongamos como modelo de santidad ordinaria para nuestros días. Santidad, contestó el purpurado. ¿Ha pensado bien lo que va a hacer? Se trata de una chiquilla que se encerró en un convento de clausura a los 15 años, que murió a los 24 y que no hizo nada extraordinario. Si, tiene usted razón, no hizo nada extraordinario pero hizo todo lo ordinario extraordinariamente bien hecho”. Esto es la santidad.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Junio 2022

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *