Todo nos habla de la venida del Señor

El mes de diciembre se abre, luciendo ya todas las festivas iluminaciones navideñas que, consumismos aparte, nos hablan de la venida del Señor. La mayor parte es Adviento, tiempo de preparar los caminos del Señor que viene en cada persona y en todo acontecimiento. El Hijo de Dios entró en nuestra historia, haciéndose carne de nuestra carne, para que nosotros, humanos que a menudo perdemos la orientación y el sentido del don de la vida que se nos ha concedido, pudiésemos encontrar en Él el Camino, la Verdad y la Vida.

Para nuestro desorientado y complicado mundo, donde tantos problemas nos envuelven, la señal de la esperanza y de la alegría, sigue siendo el humilde pesebre de Belén. 

Tiempo de mirar las figuras que lo representan y recuerdan. Cada personaje tiene su misión y su papel. Todos hacia el Niño y alrededor de Él. Dios, en ese Niño, nos ha dado su Palabra definitiva. 

Haced lo que Él os diga, nos dice la Virgen María, su Madre. 

Dejemos brotar en nosotros la ternura, la confianza y la esperanza. La figura de María, en el misterio de su Inmaculada Concepción, da color propio a la vivencia del misterio salvador, siendo el tiempo del Adviento su tiempo litúrgico por excelencia.

Hágase en mí, según tu palabra, le dijo María al Señor con toda confianza en Dios su Salvador; y en este nuevo Adviento nos invita a nosotros a repetírselo al Señor junto a Ella.

Quizás faltaban muchas cosas materiales en el pesebre de Belén, pero irradiaba la luz del amor, la alegría y la esperanza, porque allí entre María y José llegaba la salvación del mundo. El Príncipe de la Paz era la puerta por donde la humanidad, atormentada por tantas cosas, pudiese entrar para cambiar los corazones y hacer propias las palabras de los ángeles que anunciaban a los pastores: ¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor! 

Con la misma ternura que miramos el pesebre, os invito a mirar la instantánea de la portada de nuestra hoja parroquial. Unos niños de nuestra catequesis, con espontaneidad y sencillez, le rezan a la Virgen María. Y recordemos también las palabras de Jesús: Si no nos hacemos como niños, no entraremos en el reino de los cielos.

¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros, que recurrimos a Ti!

Para todos, provechoso Adviento, feliz Navidad y que el Señor derrame sobre todos los corazones sus bendiciones y los llene de amor y paz.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro.

Párroco

 

Editorial diciembre 2025

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