Vivir con sentido común y ética
En este tiempo vacacional, hay tiempo hasta para aburrirnos un poco; pero la ruptura de nuestros horarios y rutinas nos ofrece espacios en los que la mente puede profundizar en la memoria y el recuerdo.
Pensar es de las cosas más difíciles; es por eso que los conductores de las masas humanas (léase medios de comunicación, con su correspondiente dosis de ideología) tratan de dificultarlo ofreciendo las mil y una posibilidades de distracción para evitar tener tiempo en que se pueda llegar a pensar.
Atreverse a pensar lleva a la posibilidad de usar la propia razón, por encima de eslóganes y consignas para decirte lo que tienes que hacer, pensar u opinar. Por eso la Iglesia, transmitiendo su doctrina y ofreciendo la vía de la oración para acercarnos a Dios, ofrece a la persona el camino del silencio, la contemplación, el pensamiento y el recuerdo de lo vivido que se convierte en aprendizaje para el presente.
La regla de oro del Evangelio, “trata a los demás como tú quieres que te traten a ti”, nos hace tocar de pies a tierra y nos hace ejercer el gran don de la libertad que Dios nos ha concedido y que los poderes mundanos tratan de usurpar.
Si yo quiero que me comprendan, perdonen mis faltas o me respeten, debo hacerlo yo también con los demás. Y esto es el principio del sentido común y de la ética que hemos de aplicar a nuestra vida y acciones. El sentido común no es un conocimiento superficial, sino la sabiduría colectiva, de sano y compartido entendimiento, que nos hace tener conciencia de lo que es auténtico y verdadero.
Vivir con ética es saber reflexionar sobre lo que está bien o está mal, ajustando nuestra conducta a los principios y normas que guían nuestro día a día, para poder distinguir lo que es bueno de lo que no lo es; lo correcto de lo incorrecto.
Vivir con sentido común y con una conducta ética, nos ayuda a ser, ante todo buenas personas y posibilita el vivir como católicos, correspondiendo a la gracia bautismal que hemos recibido. No olvidemos que la Gracia de Dios, perfecciona la naturaleza, pero no la suple.
Francisco Prieto Rodríguez, pbro.
Párroco.




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