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Editorial

Donde hay problemas, sé tú la solución

Todos nos estamos deseando lo mejor para este nuevo año que Dios nos concede. Lamentablemente estos buenos deseos no suelen aterrizar en cosas concretas, pues vivimos inmersos en generalizaciones y globalidades que olvidan que, por muchos protocolos, documentos, pactos y acuerdos que se firmen, todo pasa por la persona concreta que te atiende o informa.

Lo que nos lleva a desear encontrarnos, en cualquier ámbito, con buenas personas. Personas mínimamente entendidas en las funciones que representan; educadas y respetuosas con los que se acercan a ellas; escuchando y orientando sin abusar del puesto en que están y, por la ignorancia que tienen, complicando lo que es sencillo. 

También algunos, de manera sistemática, te derivan de un sitio a otro o te dicen que vuelvas a llamar, después de largas esperas con el teléfono en la mano, reviviendo el conocido artículo de Larra “Vuelva usted mañana”.

Se siguen ofertando generalizaciones y dando por supuesto que solo por decirlo, todo funcionará mejor, olvidando que el ser humano es muy complejo y diverso y que es esta “complejidad” la que debe ponerlas en práctica. 

Formar personas sigue siendo el reto pendiente de nuestra moderna y progresista sociedad, contemplando al ser humano en su integridad y en sus etapas evolutivas; así como los condicionamientos a que está sometido en estos tiempos.

Se habla de “salud mental”, pero no de las cosas que la entorpecen. Una persona para desarrollar lo mejor de sí misma, debe crecer y tener un ambiente armónico, sereno, acogedor y protector que le permitirá desarrollarse con libertad y confianza. Debe tener los debidos incentivos para superarse adecuadamente y debe evolucionar desde el respeto al que tiene al lado, sabiendo escuchar, valorar y aceptar. 

El esfuerzo, el sacrificio y la contribución al bien común, debe hacer que la persona en crecimiento valore lo que tiene y la haga responsable de mejorar lo que se disfruta y que tantas personas en nuestra sociedad no tienen.

En este año del Señor 2022, tenemos todos la oportunidad de que, donde estemos y lo que hagamos, seamos un regalo siempre para los demás. Y cuando hay tantos problemas personales y comunitarios, donde estemos, siempre seamos, en vez de un problema, una solución.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Enero 2022