Familia, educación católica y parroquia

Conceptos que deben tener un claro contenido, sabiendo qué es lo que quiere decir cada una de estas palabras en la vida de un católico, de un seguidor de Jesucristo.

Cuando hablamos de familia hablamos desde la creación por parte de Dios del hombre y la mujer, así como de sus fines primordiales, según nos relata el libro del Génesis. En el núcleo donde venimos al mundo, experimentamos el amor y la aceptación incondicional y recibimos las herramientas físicas, emocionales y espirituales para entrar en la vida y hacer un nuevo eslabón. Esto es la plena realización del ser humano, que ama y desea ser amado y como fruto de ese amor se transmite la vida. El amor, palabra tan usada y tan desgastada, no solo hace referencia a la satisfacción personal o a situaciones idílicas; San Pablo, en la carta a los Corintios, expresa de manera magistral el amor que no pasa nunca. Y este amor es fiel, comprensivo, servicial, generoso, sacrificado, que no tiene envidia, que todo lo cree, todo lo soporta, todo lo perdona; este es el amor que hace superar todas las pruebas de la vida. Amarse mutuamente y cuidar la familia es el gran tesoro que debemos custodiar.

Una familia católica, tiene el deber y la obligación de educar católicamente a sus hijos. Facilitar la transmisión del saber y una cultura humanista, amplia, y que enseñe a pensar; conociendo y amando la historia y la filosofía, junto con la espiritualidad cristiana que ha configurado Europa y buena parte del mundo, se convierte en una opción fundamental para el desarrollo de la persona. Hay que saber escoger el tipo de educación que han de recibir los hijos y el pensamiento que se les transmite. De ello dependerá en buena medida su felicidad.

Y en la Parroquia, la familia celebra la fe y recibe los sacramentos, principalmente la Eucaristía y la Confesión, pues acoge a todos los católicos acompañándolos en el desarrollo de la vida; iluminando las diferentes etapas de crecimiento con el don de la fe y la acción de la gracia de Dios. La Parroquia proporciona la estabilidad y el desarrollo espiritual que la persona necesita para madurar la fe. 

Hoy que ya se habla en nuestra diócesis de reestructuración de parroquias, como ya pasa en muchas partes de Europa, agradezcamos al Señor el don de la cercanía territorial que tenemos para celebrar los sacramentos e impliquémonos en la tan vital y necesaria promoción de las vocaciones sacerdotales.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Octubre 2021

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