La esperanza de la libertad humana

Sin pedirnos permiso, el mundo nos hace escoger. Sin estar preparados, nos hace decidir y tomar caminos que no llevan al mismo sitio. Y ahí está presente el pecado original, que nos impide escoger bien y nos impide dejar a Dios entrar en nuestra vida.

Esa ceguera, que sólo con la Gracia y con mucho sacrificio se puede vencer, alimenta nuestro “yo” de tal manera que nos volvemos insensibles a los dones de Dios sin ver su amor y misericordia.

Sólo Dios es lo primero. A Él debemos rendir inteligencia y voluntad. Entregarle nuestra vida e historia. Sólo Él puede darnos la luz que necesitamos y hacernos entender que vamos de su mano. 

No todas las elecciones en la vida son acertadas ni nos llevan a buen fin. Pero Dios siempre nos ofrece una nueva oportunidad.

Supliquemos a Dios una fe fuerte, firme y profunda. Como la de los grandes árboles del bosque que resisten las tempestades bien enraizados en la tierra. Que soportan el peso de la nieve, sin dejar de mirar hacia el cielo.

El drama de la libertad humana es que podemos escoger, pues nos vemos obligados a tomar decisiones que nos van configurando.

Por eso la fe alumbra nuestro caminar. Obedezcamos la Palabra de Cristo sin glosa. Perseveremos en la gracia que nos hizo vislumbrar que el Reino de Dios comienza en el interior de cada uno de nosotros.

Humildad, sencillez, obediencia; penitencia por nuestros pecados y por nuestra soberbia; por pensar que, sin Dios, podíamos dirigir nuestra vida y hacer un mundo mejor. 

Si nos humillamos delante del Señor, si le entregamos nuestra libertad y nos dejamos hacer por Él, nos concederá la luz que necesitamos en nuestro caminar y esa fe fuerte, firme y profunda para vencer las dificultades de la vida.

El objetivo de nuestra vida es ser felices. Los santos son los que fueron fieles a sí mismos y a la voluntad de Dios, que se expresa en la recta conciencia y en la práctica de las buenas obras; fueron valientes y no antepusieron nada a Cristo.

Que la intercesión de todos los santos ayuden nuestro esfuerzo; llenen nuestro corazón de gratitud por los dones recibidos y nos hagan caminar por la senda de la humildad, que lleva a la santidad.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Noviembre 2021

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