Oración, ayuno y limosna

 

El tiempo cuaresmal nos prepara para la gran celebración pascual y nos purifica de las adherencias que, sin darnos cuenta, van lastrando nuestra vida. Oración, ayuno y limosna son los tres pilares de este tiempo penitencial.

La Cuaresma nos remite a los cuarenta días en que Jesucristo se retira al desierto para, en la intimidad, unirse con el Padre. Jesús se retiraba a orar, unas veces solo y otras acompañado por algunos discípulos. A veces pasaba la noche en oración, alejado de las multitudes que le buscaban. Y siempre consultaba con su Padre antes de tomar decisiones.

La oración es un estado del corazón. Por ello ha de ser continua: «Velad y orad en todo tiempo» (Lc 21,36). Orar es estar atentos a la voz de Dios, abrir el corazón y que entre su gracia para iluminar todos los rincones de nuestra vida.

Otra de las palabras inseparables de la cuaresma es el ayuno. Ayunar es abstenerse total o parcialmente de tomar alimento o bebida. El ayuno se practica el miércoles de ceniza y el viernes santo, y la abstinencia ambos días y todos los viernes de cuaresma. 

El ayuno y la abstinencia es una obligación de la Iglesia Católica para todas aquellas personas que quieran voluntariamente seguir a Cristo. En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del verdadero ayuno que tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre. 

La limosna, por último, ha de ser el fruto de nuestros ayunos y privaciones. Los pobres ocupan un lugar central en el Evangelio y es un mandato de Dios atender al extranjero, al huérfano, a la viuda… pero Jesús insiste en un aspecto cuando pide dar limosna «sin que tu mano derecha sepa lo que hace tu izquierda». Nos advierte así del peligro de buscar ser alabados por nuestra generosidad.

No dejemos de buscar la luz interior para que ilumine los desafíos a los que nos enfrentamos y las decisiones que debemos tomar. «Un solo padrenuestro rezado con atención, vale más que muchos rezados veloz y apresuradamente» (San Francisco de Sales). En esta cuaresma preparémonos a la nueva Pascua con un espíritu orante, de conversión personal, con la ayuda de la lectura diaria del Evangelio. Ayunemos de nuestras pasiones, de los móviles y de internet y tomemos el alimento saludable de los sacramentos, especialmente la reconciliación y la eucaristía, realizando buenas obras con una caridad amable y atenta al prójimo. 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Marzo 2025

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