Tiempo de hacer buenas elecciones

Editorial Abril 2021

Ya estamos celebrando el esperado tiempo pascual, culmen de todo el año litúrgico y celebración gozosa y esperanzada de la resurrección del Señor en la que esperamos poder participar.

Un sinfín de aspectos se nos irán ofreciendo durante el tiempo pascual, para nuestra oración y meditación, con el fin de iluminar nuestra vida cristiana, pero siempre con la elección que renovamos, en las promesas bautismales, en la solemne Vigilia Pascual: ¿Renuncias a Satanás, a sus obras y a todas sus seducciones? El enemigo es Satanás. 

 ¿El amigo, el apoyo, dónde está? He aquí: ¿Crees en Dios Padre Todopoderoso? ¿Crees en Jesucristo, su Hijo único, que nació y sufrió? ¿Crees en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, la resurrección de la carne y la vida perdurable?

San Ignacio vio eso muy bien. Dos ejércitos formados en batalla, a las órdenes de dos príncipes y grandes capitanes. De los dos estandartes, uno es rojo y negro, llevando el pecado y la muerte escondidos en sus dobladuras. El otro es blanco y rojo, llevando bordados dos corazones, símbolos de pureza y de amor, con los nombres de Jesús y María.

Es el combate de la luz contra las tinieblas, de la tierra contra el cielo, y si los dos estandartes son igualmente rojos es porque la sangre derramada de los mártires, es la misma sangre que tienen los que la derraman.

Bautizarse es escoger bando y bandera. Esta lucha espiritual se parece mucho a nuestras guerras modernas, donde nada es seguro, donde el enemigo está en todos lados.

Tú, Señor, nos has avisado que hay que temer más al falso hermano que al enemigo declarado, y aún más al enemigo que está en nuestro propio corazón. Luchas por fuera, angustias por dentro, decía el apóstol Pablo.

Escoger el lado de Cristo es rechazar astucias, seducciones, adulaciones, promesas, placeres, riquezas. Y si resistimos, también hay que asumir odios, torturas, desprecios, persecuciones, calumnias y angustias de toda clase por haber rechazado lo que todo el mundo busca.

Luchar contra Satanás y todo su mundo hoy es raro, pero le pedimos al Señor que nos despierte el Espíritu recibido en el Bautismo, pues vivimos en medio de la confusión, sin normas morales, donde todo está permitido y da igual lo que se haga en contra de la vida o en la banalización y degradación de la hermosa sexualidad que Dios nos ha concedido para amar y ser amados.

No es fácil vivir contra corriente y en minoría. Pero mirando el estandarte de Cristo, porque lo prometimos el día de nuestro bautismo, y con su gracia, sigamos en el combate contra las seducciones de Satanás.

San Juan Pablo II, en un momento en que debía escoger entre las dos banderas, sintió en su corazón estas palabras: “El mal se destruye a sí mismo. Tú dedícate a hacer el bien”.

¿Por dónde empezamos? ¿Qué tenemos que hacer? Por cuidar y salvar el amor y la unidad en nuestras familias, donde crecemos y nos desarrollamos armoniosamente, cuidando el cuerpo y el espíritu. No separándonos ni dividiéndonos entre los católicos, sino que vivamos unidos en la familia de los hijos de Dios que es la Iglesia. Y, huyendo de mediocridades, hagamos todas las cosas como si solo dependieran de nosotros, pero con la confianza del que sabe que todo depende de Dios.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

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