¡Ven, Señor, Jesús!

Llevamos mucho tiempo mirando estupefactos cómo, lejos de cicatrizar las heridas del mundo, se abren nuevos frentes de dolor, miseria y muerte. Guerras que producen muertes inocentes y sufrimientos incontables, generando al mismo tiempo todo tipo de reuniones entre los que dirigen los destinos del mundo, contabilizando en diarias estadísticas las victimas: hombres, mujeres, niños.

Mientras, el mundo sigue su alocada carrera para no perderse nada de lo que la publicidad, que dirige las masas humanas y sus comportamientos, dicen lo que hay que disfrutar, hacer o tener.

Podemos preguntarnos ¿Ya acabó la guerra de Ucrania? ¿Y las del Congo? ¿Ya se solucionaron los desastres de los últimos terremotos en Marruecos o Afganistán?….Como alguien dijo una vez, “eso ahora no toca”.

Los niveles educativos bajan; los problemas de salud mental suben. La población envejece sin relevo generacional. Y pocas familias resisten los embates de una forma de vivir en la que las relacionas humanas y la comunicación dejaron de practicarse por llevar una vida más de cara a fuera que de cara adentro.

Cansancio, desánimo, dolor, sufrimiento, desorientación, pérdida de la fe,…

Delante de todo esto, el Adviento, de nuevo nos recuerda que el Señor vendrá en la majestad de su gloria para que podamos recibir los bienes prometidos y que nos mantengamos sin desfallecer en vigilante espera. Porque cuando venga Cristo, Señor y Juez de la historia, pasará este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.

El mismo Señor que se nos mostrará lleno de gloria, sigue viniendo a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos y acojamos con fe y amor. Así se abrirá paso, en medio de tanta oscuridad y sufrimiento, a través de un amor de obras para todo el género humano, la salvación y la paz de Jesucristo.

La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María, así, donde había crecido el pecado, se ha desbordado la misericordia de nuestro Dios, dándonos a Cristo, nuestro Salvador.

En la oscuridad vuelve a brillar una luz. En el dolor se abre paso la esperanza. Tu plan de salvación Señor, anima nuestra confianza, pues resuena en nuestro corazón lo que los profetas anunciaron; lo que Juan proclamó próximo y señaló entre los hombres; lo que la Virgen esperó con amor de madre. Tú mismo nos concedes ahora prepararnos con alegría al misterio de tu nacimiento y nos invitas de nuevo a esperarte velando en oración, cantando tu alabanza y acogiéndote a ti en todo el que se acerca a nosotros en busca de amor y misericordia.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Diciembre 2023

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