La fe, sin caridad, está muerta

Editorial Febrero

Esto no es un eslogan, sino la constante orientación-revisión de la vida cristiana. Pero no reduzcamos el término “caridad” a hacer unas buenas obras, o dar alguna limosna.

Nuestra vida cristiana trata, con la ayuda de la gracia de Dios y de nuestro esfuerzo personal, de seguir las huellas de nuestro Maestro y Señor Jesucristo. Por eso la vida cristiana, más que profesar una “religión” que ha de cumplir unos determinados preceptos, trata de ser un “estilo de vida” que abarca la totalidad de nuestro ser y circunstancias.

Podemos decir, con toda seguridad, que donde hay caridad y amor, allí está Dios. Por consiguiente, si no hay caridad y amor, aunque hablásemos la lengua de los ángeles o moviésemos montañas, podemos asegurar que allí no está Dios. 

Por sus frutos los conoceréis, dice el Señor.

Y todo esto, tan básico en la vida cristiana, constatamos desde nuestra debilidad, que no es fácil cumplirlo, pues antes que la verdad y la caridad, nos supera en muchas ocasiones, nuestra vanidad, orgullo y autosuficiencia. Y lejos de la unión y complementariedad, nuestros actos producen enfrentamiento y división.

Por eso, la actitud penitencial de la vida cristiana no es un simple rito o queda circunscrita al tiempo cuaresmal, sino que tiene que partir de una auténtica búsqueda de la verdad y del sentido de nuestra vida que, si es en verdad seguir a Cristo, nos pide morir al hombre viejo y renacer con Cristo a una vida nueva, que se concreta en una manera de vivir que produzca buenas obras.

No esperemos al comienzo de la santa Cuaresma para empezar a mejorar nuestra vida cristiana; escuchemos la voz del Señor y no endurezcamos el corazón.

Vivir con alegría y esperanza

Editorial Enero

 Empezar el mes de enero, no sólo nos ofrece un variado elenco de posibilidades

a través de los días y estaciones que, si Dios quiere, podremos vivir a lo largo del año que tenemos por delante, sino, que se nos ofrece, en clave litúrgica, el estilo adecuado para vivirlo.

Comenzamos el año pidiendo el amparo maternal de santa María, Madre de Dios y madre nuestra. Nos confiamos, como hijos desvalidos, a su protección y amparo.

Y en la Epifanía del Señor, que se manifiesta como luz y salvador para todos los pueblos y naciones, los Reyes Magos nos invitan a hacer nuestro recorrido anual con las mismas actitudes que ellos tuvieron hasta encontrar al Mesías esperado. Como ellos estamos invitados a escrutar las Escrituras y acoger en nuestro corazón la salvación de Dios. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, si lo acogemos en verdad es transformador de nuestra vida y nos hace ponernos en movimiento hacia el Señor. Superando obstáculos y oscuridades. Preguntando y permaneciendo fieles a la estrella que hay que seguir. El que busca encuentra. Y esa peregrinación, ese viaje fue purificando el corazón de tal manera que supieron descubrir en la humildad de nuestra carne al Hijo de Dios.

Todo en Dios tiene sentido y nuestro peregrinar también. Busquémoslo con ahínco pues solo Él nos puede dar la alegría y esperanza que necesitamos para vivir.