Leer, comprender y actuar

Comenzamos el año bajo la protección de Santa María, madre de Dios, pidiendo el don de la paz en el mundo, que cesen las guerras y violencias y que se acabe tanto egoísmo que hace sufrir a los más débiles y pequeños.

Entre tantas cosas que necesita nuestro mundo, mirando de cerca,  vemos que nuestro sistema educativo pide una reflexión urgente, iluminada por el sentido común. El futuro de la sociedad depende de la buena formación de las generaciones que nos siguen, pero los informes publicados no son muy esperanzadores; demasiadas reformas “innovadoras” nos han llevado a la situación actual, en que, para que ningún alumno se sienta mal, puedan pasar de curso e incluso acabar etapas estudiantiles con asignaturas suspensas. ¿Se piensa igual en la práctica del deporte, de la música o de cualquiera de las bien llamadas “disciplinas” en las que hay que esforzarse?.

La lectura es el camino hacia el saber y el conocimiento, así como el esfuerzo, que acompañado por el docente, hace comprender lo que se lee. Esta es la base sobre la que se ha de ir construyendo el desarrollo académico, debidamente organizado según la evolución física, mental y espiritual del alumno.

El lamentable desconocimiento bíblico de muchos católicos es otro aspecto a mejorar, cuando se está dando un fuerte interés de las nuevas sectas en la interpretación bíblica. Olvidamos los católicos que no se puede entender el Nuevo Testamento, desconociendo el Antiguo; dar testimonio de nuestra fe nos exige conocimiento de lo que hablamos, para no caer en simplismos y fundamentalismos. Recordemos que un texto, fuera de contexto, se convierte en un pretexto para decir lo que a uno le interesa.

Por último, en un diálogo interreligioso llevado a cabo durante la “Janucá”, fiesta judía de la luz cuando nosotros celebramos el Adviento, se veía la necesidad de no solo compartir nuestras características religiosas, sino colaborar mutuamente para que Dios no deje de estar presente en nuestro mundo. Deberíamos estar unidos en revertir las actuales tendencias secularizantes, recordando que todo el que busca sinceramente a Dios intenta actuar con recta conciencia y con unos principios éticos que ponen a Dios en su lugar y a la humanidad en el suyo. Afirmar que Dios es Dios, nos coloca a todos los humanos en una situación de igualdad, pues solo Dios sabe lo que ocurre en la conciencia de cada ser humano. Cuando se olvida este principio, la moral del laicismo se convierte en la moral del propio bien; se entroniza la moral del egoísmo y cada uno se convierte en norma para sí mismo.

Este es el consejo del Papa Francisco: “Más que el ateísmo, hoy se nos plantea  el desafío de responder adecuadamente a la sed de Dios de mucha gente, para que no intenten apagarla en respuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el prójimo” (Evangelii gaudium, 89-90). 

La conciencia es la voz de Dios en el corazón del hombre. Que la luz de la Palabra de Dios nos ilumine para discernir lo que es fundamental para el ser humano; saber actuar con libertad en lo que sea opinable pero, en todo, que brille la Caridad.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Enero 2024

¡Ven, Señor, Jesús!

Llevamos mucho tiempo mirando estupefactos cómo, lejos de cicatrizar las heridas del mundo, se abren nuevos frentes de dolor, miseria y muerte. Guerras que producen muertes inocentes y sufrimientos incontables, generando al mismo tiempo todo tipo de reuniones entre los que dirigen los destinos del mundo, contabilizando en diarias estadísticas las victimas: hombres, mujeres, niños.

Mientras, el mundo sigue su alocada carrera para no perderse nada de lo que la publicidad, que dirige las masas humanas y sus comportamientos, dicen lo que hay que disfrutar, hacer o tener.

Podemos preguntarnos ¿Ya acabó la guerra de Ucrania? ¿Y las del Congo? ¿Ya se solucionaron los desastres de los últimos terremotos en Marruecos o Afganistán?….Como alguien dijo una vez, “eso ahora no toca”.

Los niveles educativos bajan; los problemas de salud mental suben. La población envejece sin relevo generacional. Y pocas familias resisten los embates de una forma de vivir en la que las relacionas humanas y la comunicación dejaron de practicarse por llevar una vida más de cara a fuera que de cara adentro.

Cansancio, desánimo, dolor, sufrimiento, desorientación, pérdida de la fe,…

Delante de todo esto, el Adviento, de nuevo nos recuerda que el Señor vendrá en la majestad de su gloria para que podamos recibir los bienes prometidos y que nos mantengamos sin desfallecer en vigilante espera. Porque cuando venga Cristo, Señor y Juez de la historia, pasará este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.

El mismo Señor que se nos mostrará lleno de gloria, sigue viniendo a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos y acojamos con fe y amor. Así se abrirá paso, en medio de tanta oscuridad y sufrimiento, a través de un amor de obras para todo el género humano, la salvación y la paz de Jesucristo.

La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María, así, donde había crecido el pecado, se ha desbordado la misericordia de nuestro Dios, dándonos a Cristo, nuestro Salvador.

En la oscuridad vuelve a brillar una luz. En el dolor se abre paso la esperanza. Tu plan de salvación Señor, anima nuestra confianza, pues resuena en nuestro corazón lo que los profetas anunciaron; lo que Juan proclamó próximo y señaló entre los hombres; lo que la Virgen esperó con amor de madre. Tú mismo nos concedes ahora prepararnos con alegría al misterio de tu nacimiento y nos invitas de nuevo a esperarte velando en oración, cantando tu alabanza y acogiéndote a ti en todo el que se acerca a nosotros en busca de amor y misericordia.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Diciembre 2023

Jesús y la Magdalena

Hablando con uno de los médicos voluntarios que trabajan en las comunidades del Cenáculo, me comentaba que más que ayudas económicas, que también, para mantenerse estas comunidades de ayuda a personas con adicciones, les era más urgente encontrar sitios para que al finalizar la estancia de recuperación y sanación en estas comunidades, pudiesen reintegrarse a la sociedad.

Oportunidades para todos”, suelen decir los eslóganes publicitarios, pero a la hora de la verdad, solo son para los más espabilados y correctos según los cánones sociales vigentes de lo que es “bueno” y “normal”.

Reflexionando y rezando por esas personas, que quieren sobrevivir después de haber experimentado el infierno en sus propias vidas a causa de sus circunstancias y adicciones, me venía la imagen de Jesús acogiendo, a pesar de las críticas de los que le rodeaban, a María Magdalena. Le dio una nueva oportunidad, a pesar de su pasado y de la oposición de los que no son capaces de arriesgar ni cambiar sus conceptos. 

A esa mujer, una pecadora, mucho se le perdonó, porque mucho amó. Y Dios la convirtió en apóstol de los apóstoles. 

Dios no piensa como nosotros, porque es el único que ve el corazón de cada persona. Y nos invita a no juzgar y a no dejar de tender la mano al hermano necesitado en el cuerpo o en el espíritu, una y otra vez. A nosotros nos toca imitar a Jesús; lo que después haga cada uno, no es cosa  nuestra. Hagamos el bien y demos nuevas oportunidades siempre; para eso es necesario romper una y otra vez nuestros esquemas mentales que fácilmente se acomodan a los criterios del mundo. Por eso no solo es necesario hacer penitencia por nuestros pecados sino, como nos recuerda el inicio cuaresmal, se nos invita a cambiar de mentalidad. 

Iniciamos el mes de noviembre con la solemnidad de Todos los Santos. Diferentes historias, conversiones, épocas, estados sociales, pero todos buscando a Dios en el fondo de su corazón, que es decir también, buscando el sentido de la vida. Muchos de ellos, después de haber experimentado el dolor y la miseria absoluta, encontraron el camino de la salvación y su vida, después del estercolero en el que habían estado, se transformó en una vida de amor a Dios y a los demás.

Que todos los santos, especialmente aquellos que experimentaron la crudeza de la vida y del pecado, intercedan por nosotros para que nuestro corazón no se cierre a acoger a los que buscan una mano tendida para iniciar una nueva vida.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Noviembre 2023

Armonía en la diversidad

 

San Ignacio de Antioquía fue conducido de Siria a Roma en tiempos del emperador Trajano y despedazado por las fieras en el anfiteatro en el año 110. Escribía: “Cuando el cristianismo es odiado por el mundo, la hazaña que le cumple realizar no es mostrar elocuencia, sino grandeza de alma”. 

A todo ser humano le esperan trabajos, dificultades y sufrimientos, y hay que tomarlos con buen ánimo y voluntad. Quien es fuerte infunde ánimo y coraje en los demás.

Delante de las contradicciones de la vida, debemos permanecer firmes en la fe recibida, sabiendo aguantar los embates que pretenden destruir la conciencia y dignidad de la persona. En esos momentos debemos imitar al yunque. El herrero sabe muy bien que el hierro no recibe la forma de los golpes del martillo, sino que la forma la recibe del yunque que aguanta. Solo es preciso que el yunque resista con firmeza los golpes. El yunque siempre vencerá al martillo.

Afirmar que estoy hecho a imagen de Dios es afirmar que el amor es la razón de mi existencia. El amor es mi verdadera identidad. La abnegación es mi verdadero yo. Pero no preguntes cómo definir el amor de Dios; pregunta cómo recibirlo. No preguntes cómo explicar el amor de Dios; pregunta cómo experimentarlo. No preguntes cómo entender el amor de Dios; pregunta cómo ser transformado por él. El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras.

Con la verdad en nuestras vidas, suavizamos las angustias de la duda y facilitamos los caminos de la comunicación; allanamos los senderos de la fe y nos manifestamos tal como somos. Con la fe y el amor, la esperanza es la luz que brilla en la complejidad de nuestro mundo. Para el creyente el horizonte último y definitivo de la esperanza es el Dios misericordioso y fiel que nunca falla. 

La fe en Jesucristo, vivida en la diversidad de carismas y tiempos, nos ilumina cómo cada uno de nosotros hemos de concretar, en nuestro espacio y tiempo, el amor de Dios recibido.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Octubre 2023

Nuevo curso Escolar/Pastoral

 

En septiembre, con el inicio del curso escolar, parece que todo vuelve a su sitio. Horarios de trabajo, ritmos familiares y servicios pastorales en las parroquias.

El año pastoral parroquial se vive al ritmo del curso escolar. La preparación del nuevo curso escolar reactiva, ya días antes de septiembre, el movimiento de las familias y todo lo que conlleva el abrir las escuelas. El calendario escolar marca nuestra sociedad moderna y el año litúrgico va dando color a las actividades de los diferentes cursos escolares de los alumnos. 

El curso escolar sigue marcando el ritmo, y pasadas las fiestas navideñas, el segundo trimestre enfoca la Semana Santa; los días de las celebraciones católicas más importantes del año litúrgico. En las escuelas, el segundo trimestre es intenso, pues se ha de consolidar lo iniciado en el primero, dejando enfilado ya el tercero; en este trimestre se desarrollará la experiencia pascual de la semana santa y la maduración de lo aprendido con sus consiguientes pruebas finales.

Por otro lado, la parroquia, que es la Iglesia que vive entre las casas de sus hijos, está en contacto con los hogares y la vida de todo tipo de personas. Para los creyentes, la celebración de la Eucaristía y los sacramentos se convierte en fundamental para sostener la vida cristiana de la comunidad y el compromiso de cada católico en su colaboración en la extensión del reino de Dios. La catequesis adecuada en la recepción de los diferentes sacramentos, permite el contacto real con la vida de los fieles y sus variadas circunstancias.

Pero por encima de calendarios y programaciones, está el ejercicio práctico de la caridad en todo lo que permiten las humildes fuerzas parroquiales. El intentar mantener la acogida a los  hermanos que llaman con alguna necesidad, se desarrolla a lo largo de todo el año cristiano; incluso cuando pasan los momentos de sensibilización que mueven nuestras emociones en las fiestas navideñas o determinadas campañas.

La parroquia, pues, es la presencia eclesial en un territorio que alienta a sus miembros para que evangelicen con su testimonio de vida cristiana.

Que el Señor nos conceda un buen curso pastoral para que, uniendo nuestras fuerzas y carismas diversos, no dejemos de rezar y trabajar para que Jesucristo sea conocido y amado.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Septiembre 2023

¿Educación sexual o educación integral?

 

De tanto en tanto surgen voces, ante actos de violencia sexual protagonizados por mayores y menores, que se ha de reforzar la educación sexual.

No olvidemos que desde la nueva era democrática en nuestro país, la asignatura moderna es la educación sexual en las aulas. Por tanto, son muchos años hablando de sexualidad y poniendo al alcance de los más jóvenes una variedad de informaciones que, por lo que se está viendo, no han calado mucho en las conductas. Las relaciones interpersonales son difíciles. Las parejas no logran una duración donde, además de la novedad y el sexo, tenga cabida la ayuda mutua y el apoyarse en el proyecto de vida que, sin duda con ilusión, se empezó un día. 

Tenemos una suficiente trayectoria para poder opinar. Una educación puramente sexual, desconectada de los valores personales que son fundamentales para la convivencia, llevan a la frustración y al sufrimiento de muchas personas, incluidos los más débiles, que son los hijos, si se han dado.

Educar, es educar la integridad de la  persona con sus derechos y deberes. Hay impulsos, pero hay también raciocinio. Hay deseos, pero hay también voluntad para valorarlos y seleccionarlos. Se dan emociones, pero también debemos tener una ética que las conduzcan y sitúen.

La pulsión sexual se ha de integrar en la maduración de toda la persona aplicando, en todo momento y situaciones, las palabras de Jesús: “Trata a los demás como tú quieres ser tratado.”

Mientras no valoremos a la persona en su integridad, de la que no podemos separar los ideales, las emociones, la espiritualidad, la religión que profesamos y los códigos éticos que nos definen como personas, estaremos dando palos de ciego.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Agosto 2023

Sabiduría que no es de este mundo

 

La sabiduría de este mundo es necedad ante Dios (1Cor 3,19). En tiempos de Jesús se habían establecido seiscientos trece preceptos derivados de la Ley de Dios: doscientos cuarenta y ocho  positivos y trescientos sesenta y cinco prohibiciones; tantas prohibiciones como días tiene el año.

Seiscientos trece mandamientos para aprender; seiscientos trece mandamientos para recordar; seiscientos trece  mandamientos para poner en práctica.

San Pablo quiere observar la Ley y cumplirla de corazón, pero hizo la dolorosa experiencia de que con solo la buena voluntad no basta. Por eso se indigna contra los hipócritas que van todos los sábados a la sinagoga, ocupando los primeros puestos, siendo al mismo tiempo duros con sus empleados o con sus familias. Y el mismo san Pablo experimenta la amargura de su propia debilidad que lo humilla. Por resumir su situación diciendo que “querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no. Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo”.

Camino de Damasco, la experiencia que tiene con Jesús le hace ver que todos sus esfuerzos por querer hacer cumplir la Ley no era la forma adecuada. Aquel día fue captado por el amor de Cristo. Hasta ese momento había vivido tratando de merecer el amor de Dios, cumpliendo y haciendo cumplir los seiscientos trece preceptos del buen israelita. Su experiencia fundamental la cuenta diciendo: “Porque nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron: Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos”.

Y descubre la sencillez del amor de Dios, y se descubre repentinamente como alguien que puede ser amado. Lo que entra en su vida no son nuevos preceptos, sino la certeza de ser infinitamente amado. Y eso le cambió la vida, pues quedó liberado no solo de la maraña de mandamientos y obligaciones, sino de sí mismo y de su ansia de perfeccionamiento. Ahora le basta mirar a Cristo que le ama y ha dado su vida por él.

Ha descubierto que la santidad no es el cumplimiento de normas ni una agotadora subida a la perfección, sino la alianza, la amistad con Cristo y la vida con Dios en todo momento y circunstancia. 

Quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Julio 2023

Intensificar el amor y la misericordia…

 

…para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. 

Este mes de junio celebramos el misterio de amor y relación de la Santísima Trinidad; la Eucaristía en la solemnidad del Corpus Christi, donde Cristo se hace Pan partido para la vida del mundo; la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, mostrando el amor y la misericordia de todo un Dios que tiene entrañas de Padre.

Y también, santos que no solo son intercesores, sino ejemplos para no dejar de intensificar nuestra vida cristiana. Entre otros, San Antonio de Padua y San Juan Bautista en su Natividad. El popular San Antonio conquista a la gente con su dulzura y con la ternura con que sostiene en sus brazos al Niño Jesús. Tiene fama de milagrero pero ciertamente su vida fue una constante búsqueda de Dios, para amarlo y servirle mejor. Recordemos una florecilla suya preciosa: cuando los habitantes de un pueblo costero no quisieron escucharle hablar de Dios, se fue a la orilla del mar y empezó a predicar. Poco a poco, los peces se fueron congregando, asomando sus cabezas, para escuchar las alabanzas del Señor, que San Antonio les dirigía a ellos. Los peces del mar acogían con reverencia lo que los hombres habían rechazado en su soberbia. 

La Natividad de San Juan Bautista nos hace presente a ese Dios que, por amor a una humanidad desnortada y descarriada va tejiendo su obra de salvación en los aconteceres de la historia. Suscita al profeta Juan para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

Alimentados espiritualmente con estas grandes fiestas cristianas que celebramos este mes, vivamos predicando a tiempo y a destiempo, no solo con palabras, sino con nuestras obras cotidianas, sin desanimarnos, como hizo San Antonio de Padua. Y como San Juan Bautista, no queramos contentar a la gente, sino a Dios, a quien servimos, y que es el único que nos ofrece, por Jesucristo, el perdón de nuestros pecados y la salvación para siempre. San Juan Bautista, con humildad, supo señalar quien es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; hagamos nosotros lo mismo.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Junio 2023

Las tres «C»: Culto, Cultura, Caridad

 

Así podríamos sintetizar los trabajos de toda acción parroquial. Reunir y alimentar con los sacramentos a los católicos que se agrupan entorno a una parroquia, celebrando sobre todo, la Eucaristía dominical. Establecer los puentes con los que facilitar el conocimiento de la historia de nuestra salvación, con la cultura imperante en la sociedad que la va moldeando según los principios ideológicos que la dominan y orientan. Tender las manos y acoger a los más necesitados, que no suelen salir en los programas de ayudas según protocolos establecidos por los que tienen en su poder esas posibilidades.

El tiempo nos va dando una necesaria perspectiva para situar las cosas, así como en un edificio el paso del tiempo, nos hace ver cuáles son las paredes maestras que lo aguantan y cuáles son los tabiques que se caen.

Precisamente en esta sociedad en la que el catolicismo es una minoría y presiona para imponer unos criterios ideológicos que poco tienen que ver con los criterios evangélicos, la parroquia, como centro del culto de los creyentes, recobra su esplendor e identidad. Es el lugar privilegiado en que se encuentran los que quieren seguir a Jesucristo y se sienten hijos de la Iglesia. Es el ámbito en que la persona se encuentra con Dios y Dios, a través de los signos sensibles de los sacramentos, se encuentra con su pueblo.

Reflexionar y orar por el momento presente en la sociedad y en el mundo, nos lleva a conocer nuestras raíces y cómo la fe se ha ido expresando a través de los siglos. Desde el primer momento del cristianismo, y san Pablo es un buen ejemplo, el reto es ver al Dios vivo, encarnado en Jesucristo su Hijo y presente en todo aquél que le busca con sincero corazón, como anunciaron los profetas y han testimoniado los santos que tenemos como ejemplo e intercesores.

La caridad, la puerta abierta al hermano que está “fuera de juego” en las vías oficiales, nos hace descubrir la imagen de Dios sufriente en su sufrimiento; y tratarlo con la dignidad de hijo de Dios, es la primera cosa que hay que respetar.

Clausuramos con gozo este Año de San Isidro Labrador. Hemos intentado ahondar en estas tres “C” que orientan nuestra actividad pastoral. 

Un culto que una labios y corazón con la centralidad del misterio de Dios presente entre nosotros. 

Una cultura para formar hombres y mujeres de futuro que, a través de nuestra escuela parroquial es transmitida a casi 900 alumnos, sembrando las semillas de la importancia del saber y del pensar, desde la concepción integral de la persona. 

Y una caridad que quiere dejar su impronta en la persona que, sin tener a dónde ir y escuchando muchas veces “que no hay recursos” recibe un trato como persona, respetando su dignidad.

San Isidro Labrador, figura en la cual hemos ido profundizando todo este año, es un buen modelo para el creyente del siglo XXI. Dios por encima de todas las cosas. Vivir en la cultura de su tiempo, sin perder su identidad. Practicar la caridad con los necesitados de cada día que tenía a su alrededor.

Alabado sea Jesucristo, ahora y por siempre, por todo lo que nos ha concedido en este Año de San Isidro Labrador y por los caminos abiertos para seguir intentando vivir como sal y luz en medio de nuestra diversa y compleja sociedad.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Mayo 2023

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

 

La Resurrección del Señor nos habla de vida eterna con Él y que los limpios de corazón, que miraron de hacer el bien y evitar el mal en su vida cotidiana, vivirán para siempre. Pascua es el tiempo para celebrar a Jesús, el Crucificado, vivo para siempre en la gloria del Padre. El pecado, la muerte, la injusticia, no han podido apagar la luz de su palabra, de su amor y de su misericordia derramada sobre la humanidad. Para todos sin excepción. Es decir, si uno quiere aceptarlo.

 

En el tiempo pascual celebramos la Vida, el Amor, la Esperanza y al mismo tiempo, se nos recuerda que si somos fieles a nuestro Bautismo, tenemos el itinerario marcado para el Cielo. Hay que saber escoger y educar y vivir en la honestidad. Ser honesto no es solo no apropiarse de lo ajeno, sino que es ser consecuente con los compromisos adquiridos laboralmente, afectivamente o religiosamente. Es una manera de vivir y gestionar todo lo que hagamos.

Para hacer mejor y más viable la convivencia social hay que superar individualismos, aunque cada uno es responsable de su buena marcha. No podemos vivir, por tanto, sin unos principios básicos que formen nuestra conducta. 

Los Mandamientos de la Ley de Dios nos recuerdan que nadie es más que el otro y que debo respetar al otro si quiero que se me respete a mí. El puro evangelio nos dice claramente que tratemos a los demás como queremos ser tratados nosotros. 

El tiempo pascual, celebrando la Resurrección del Señor, nos recuerda que en  nuestro bautismo y confirmación, escogimos el camino de la honestidad y de la limpieza de corazón, para con su gracia, ser sal y luz en todas las circunstancias de nuestra vida.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Abril 2023