Santos y pecadores

 Por Jesucristo estamos llamados a la santidad de vida y lo primero que tenemos que hacer es darnos cuenta de nuestra fragilidad y reconocer nuestros pecados y limitaciones. Iniciar nuevas etapas de la vida se hace con la ayuda de la gracia de Dios y el esfuerzo personal. Esta combinación es lo que celebramos en la fiesta de Todos los Santos y el sufragio que ofrecemos en la conmemoración de Todos los fieles difuntos.

Cuando alguien sufre heridas emocionales, el primer paso para la curación es darse cuenta de lo que nos pasa y comunicarlo, además de si es necesario ayuda de tipo psicológico, a un buen confesor y director espiritual. Teniendo en cuenta que las soluciones rápidas son una excepción, pues hay que afrontar el sufrimiento humano para sobrevivir, curarse y crecer.

El camino es aceptar las propias limitaciones, tratando de vivir la verdad de quien eres realmente y siendo honrado contigo mismo. Se puede conseguir poniendo en la vida coraje, fortaleza, ternura y capacidad de amar.

Los santos son las personas que en su vida buscaron la salvación personal sin descanso, equivocadamente en muchos casos, pero perseverando en encontrar el sentido profundo de la vida que solo Jesucristo puede ofrecer. Así pues, no nos convertimos a valores impersonales ni siquiera a la búsqueda y lucha de una nueva humanidad. La entrega a los pobres y excluidos de la tierra suele ser un paso de la conversión a Dios. Pero esta entrega sin más no es conversión cristiana. Convertirse al Dios de Jesucristo es la relación fundamental que se regenera en la conversión y, a partir de ella, se regeneran las demás relaciones fundamentales. La conversión es ante todo, una nueva manera de situarnos ante Dios.

Las historias de los santos nos invitan a no dejar de buscar la verdad de la vida y la vida eterna que solo el Hijo de Dios nos puede conceder. 

Además, caer en la cuenta de que todo en este mundo es pasajero nos lleva a rezar por nuestros difuntos que, para los creyentes, no están “donde estén” como dice tanta gente, sino que por la fe en Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nosotros esperamos encontrarnos con nuestros seres queridos en el reino de la luz y de la paz.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Noviembre 2024

Rosario y Misión

Octubre es llamado el mes del Rosario; se celebra la fiesta de la Virgen del Rosario y se recuerda la llamada del papa San Pío V a la cristiandad a rezar el rosario para que en la batalla de Lepanto, la cristiandad quedase a salvo, evitando la invasión de los reinos cristianos por el imperio otomano. El Rosario, popularizado por los frailes dominicos, se extendió por toda la cristiandad como una oración sencilla y profundamente evangélica, desgranándose al ritmo del rezo de las avemarías, los principales misterios de nuestra fe católica. El fiel que reza el rosario, puede plasmar, simplemente escribiendo los misterios de gozo, dolor, gloria y luz, que sabe de memoria, un perfecto resumen de los misterios de Cristo, salvador y redentor nuestro. A la Virgen María le pedimos que interceda por las necesidades de esta humanidad que parece que haya perdido el sentido común a la hora de hacer un mundo mejor.

Octubre también es el mes de la misiones, pues la campaña del DOMUND es una de las más populares en la iglesia. No hace muchos años, pedir para las misiones se hacía de una manera muy plástica e impactante, porque se pedía colaboración económica en unas huchas o bandejas que tenían un dibujo o figura de las diferentes razas del mundo. De esta manera sencilla, nos acostumbrábamos a ver personas y culturas diferentes y nos sentíamos urgidos a llevar nuestra fe y ayudar a conseguir una vida digna a tantos hermanos nuestros que vivían en lejanos países con culturas muy diferentes. Los misioneros llevaban la fe a lugares remotos y al lado de una capilla surgían también una escuela y un dispensario. 

Actualmente el largo descenso de la natalidad en Europa, el materialismo imperante en la sociedad y la crisis que sufren las familias, ha hecho que tengamos también un alarmante descenso de vocaciones; no solo para las misiones, sino para cubrir las iglesias europeas que antes enviaban misioneros a los cuatro puntos cardinales. Hace largos años que esto está pasando; se cierran comunidades religiosas y parroquias y, para mantener el culto y la vida cristiana, vienen de otros países para reforzar conventos y parroquias. 

No dejemos de rezar cada día el santo Rosario y seamos generosos en nuestra aportación a la colecta del Domund.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Octubre 2024

El Actuar de Nuestro Dios

Aunque hoy día tengamos motivos para la preocupación y casi la desesperanza, el reino de Dios sigue llegando gracias a Cristo y su Espíritu. Dada nuestra afición a la programación, a la eficacia productiva, al éxito rápido y espectacular, a la estadística y al porcentaje, es frecuente la impaciencia por los frutos visibles y palpables. Impaciencia que aplicamos a todos los sectores, tanto eclesial y pastoral como familiar y educacional. 

Uno quisiera ver crecer rápidamente en nosotros mismos y en los demás un cristianismo pujante y cargado de frutos. Pero al ver la realidad que no se ajusta a nuestro querer, sin darnos cuenta vamos cediendo al desaliento y a la desesperanza, creyendo que estamos perdiendo el tiempo. He aquí un desafío constante a la esperanza cristiana.

La actuación de Dios tiene un dinamismo silencioso pero imparable y fructificará a su tiempo. No le apliquemos criterios mundanos de eficacia inmediata, porque esos no son los baremos del reino de Dios.

Los medios deslumbrantes y avasalladores no suelen ser los medios de Dios, pues como dice san Pablo: “El que planta no significa nada, ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, Dios” (1Cor 3,7). Él es el único que salva, no por la fuerza sino mediante la paradoja de la debilidad con que, poco a poco, va creciendo el reino de Dios dentro y fuera de nosotros.

El reino de Dios es su reinado de amor, justicia, paz y santidad; es la soberanía de su voluntad. Por eso en el padrenuestro, a continuación de la petición “Venga a nosotros tu reino”, añadimos en seguida: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, porque éste es el camino para la venida del reino.

Si esto se consigue en nuestra vida personal y en el entorno eclesial, familiar y social en que nos movemos, se ha realizado lo más importante y fundamental de nuestra condición de discípulos de Cristo.

En este nuevo curso pastoral que comenzamos ahondemos en la oración y la contemplación, para captar la gratuidad de Dios (parábola de la semilla que crece sola) y para dar su valor a las cosas pequeñas, a la suave sonrisa, a los gestos sencillos y cercanos que nos hacen saber esperar, aguardando con fe esperanzada, la gloriosa venida del Señor

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Septiembre 2024

Vivir con sentido común y ética

En este tiempo vacacional, hay tiempo hasta para aburrirnos un poco; pero la ruptura de nuestros horarios y rutinas nos ofrece  espacios en los que la mente puede profundizar en la memoria y el recuerdo.

Pensar es de las cosas más difíciles; es por eso que los conductores de las masas humanas (léase medios de comunicación, con su correspondiente dosis de ideología) tratan de dificultarlo ofreciendo las mil y una posibilidades de distracción para evitar tener tiempo en que se pueda llegar a pensar.

Atreverse a pensar lleva a la posibilidad de usar la propia razón, por encima de eslóganes y consignas para decirte lo que tienes que hacer, pensar u opinar. Por eso la Iglesia, transmitiendo su doctrina y ofreciendo la vía de la oración para acercarnos a Dios, ofrece a la persona el camino del silencio, la contemplación, el pensamiento y el recuerdo de lo vivido que se convierte en aprendizaje para el presente.

La regla de oro del Evangelio, “trata a los demás como tú quieres que te traten a ti”, nos hace tocar de pies a tierra y nos hace ejercer el gran don de la libertad que Dios nos ha concedido y que los poderes mundanos tratan de usurpar.

Si yo quiero que me comprendan, perdonen mis faltas o me respeten, debo hacerlo yo también con los demás. Y esto es el principio del sentido común y de la ética que hemos de aplicar a nuestra vida y acciones. El sentido común no es un conocimiento superficial, sino la sabiduría colectiva, de sano y compartido entendimiento, que nos hace tener conciencia de lo que es auténtico y verdadero.

Vivir con ética es saber reflexionar sobre lo que está bien o está mal, ajustando nuestra conducta a los principios y normas que guían nuestro día a día, para poder distinguir lo que es bueno de lo que no lo es; lo correcto de lo incorrecto.

Vivir con sentido común y con una conducta ética, nos ayuda a ser, ante todo buenas personas y posibilita el vivir como católicos, correspondiendo a la gracia bautismal que hemos recibido. No olvidemos que la Gracia de Dios, perfecciona la naturaleza, pero no la suple.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Agosto 2024

La esencia de la vida cristiana

Un Jubileo es un año de gracia, un camino, una peregrinación de esperanza, que el Papa, el sucesor de Pedro, convoca cada veinticinco años. El primero de ellos se celebró el año 1300, aunque ya existía algún precedente; por ejemplo, el Jubileo compostelano, cuando la fiesta de Santiago Apóstol coincidiese en domingo, concedido en 1122 por el Papa Calixto II. El Papa Francisco ha convocado el Jubileo ordinario del 2025 con la bula “La esperanza no defrauda”.

“Nadie vive en cualquier género de vida sin estas tres disposiciones del alma: las de creer, esperar y amar”, decía San Agustín. La gracia de Dios eleva nuestra condición creada y nos permite albergar una esperanza que nace del amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz. 

 Y con la esperanza, Dios nos otorga la paciencia que actualmente ha sido relegada por la prisa, por el acuciante “aquí y ahora” que hoy hace de esta virtud una realidad extraña.

Es preciso reavivar la esperanza y ofrecer signos de esperanza, sabiendo atender a todo lo bueno que hay en el mundo. Signos de paz en medio de la guerra; de entusiasmo a la hora de contemplar la vida, en medio de una cultura marcada por la disminución de la natalidad y por la pérdida – desesperanzada – del deseo de transmitirla. Signos de esperanza para los presos, para los enfermos, para los jóvenes, para los migrantes y los más débiles, para los ancianos y los pobres. 

En 2025 se cumplen 1700 años del concilio de Nicea (325), que expresó como verdad de fe la plena divinidad de Cristo, “de la misma naturaleza” del Padre, como seguimos profesando en el Credo de la misa. 

La Carta a los Hebreos emplea la imagen del ancla para aludir a la esperanza que, junto con la fe y la caridad, sintetiza la esencia de la vida cristiana. El ancla fue usada por los artistas de la zona mediterránea para expresar no solo lo que significa mantener una embarcación fija en el mar, sino como alegoría de la esperanza y de la salvación. El ancla es un peso que retiene al navío, símbolo universal de firmeza, solidez, tranquilidad y fidelidad.

Apunta a la vida eterna. Sin esta referencia, “la dignidad humana sufre lesiones gravísimas —es lo que hoy con frecuencia sucede—, y los enigmas de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, quedan sin solucionar, llevando no raramente al hombre a la desesperación«. 

María, la Madre de Dios, es el testimonio más alto de la esperanza, la Estrella del mar que nos conduce a Cristo, cuando navegamos por los procelosos mares de la vida. 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Julio 2024

Junio y el Sagrado Corazón de Jesús

El mes de junio nos trae la sensación del final del curso escolar, al que van unidas las vacaciones escolares y las actividades veraniegas. En el ámbito religioso, se celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y su mensaje de amor y misericordia para una humanidad que, al lado de una carrera incesante por avanzar en la ciencia y la técnica, vive el dolor y sufrimiento causado a millones de personas en nuestro mundo, en medio de discursos altisonantes sobre la paz y los derechos humanos.

El seguimiento de Jesucristo, según las épocas y culturas, también tuvo sus deformaciones, donde reduccionismos y voluntarismos ensombrecieron la gracia y la misericordia infinita de Dios.

Sin duda, el esfuerzo personal ha de acompañar la acción de la Gracia, pero sin endurecer el corazón y sin perder la alegría de sentirnos salvados y amados por Jesucristo que entregó su vida por cada uno de nosotros. ¿Cuántas veces tenemos que perdonar?, le dice Pedro a Jesús. Setenta veces siete, le contesta el Señor. Es decir, siempre que se pida perdón y se manifieste el arrepentimiento del mal causado. 

Cuando la soberbia del ser humano, aparece de nuevo intentando vivir como si Dios no existiera, solo basta mirar a nuestro entorno para darnos cuenta de lo lejos que estamos de que este mundo sea un paraíso. Se sigue cumpliendo aquello de que el hombre se convierte en lobo para el hombre. Se refiere a la crueldad humana o al hecho de que, en ocasiones, nuestros peores enemigos son nuestros semejantes.

El Sagrado Corazón de Jesús, en este mundo endurecido y tantas veces injusto, donde los más débiles siempre sufren los primeros, nos vuelve a hablar de amor y misericordia como único camino para que esta humanidad,  perdida en su orgullo y autosuficiencia, vuelva a encontrar en el amor de Jesucristo los caminos de paz, justicia, comprensión y humildad necesarios para vivir como hermanos.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

Editorial Junio 2024

Junio y el Sagrado Corazón de Jesús

 

El mes de junio nos trae la sensación del final del curso escolar, al que van unidas las vacaciones escolares y las actividades veraniegas. En el ámbito religioso, se celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y su mensaje de amor y misericordia para una humanidad que, al lado de una carrera incesante por avanzar en la ciencia y la técnica, vive el dolor y sufrimiento causado a millones de personas en nuestro mundo, en medio de discursos altisonantes sobre la paz y los derechos humanos.

El seguimiento de Jesucristo, según las épocas y culturas, también tuvo sus deformaciones, donde reduccionismos y voluntarismos ensombrecieron la gracia y la misericordia infinita de Dios.

Sin duda, el esfuerzo personal ha de acompañar la acción de la Gracia, pero sin endurecer el corazón y sin perder la alegría de sentirnos salvados y amados por Jesucristo que entregó su vida por cada uno de nosotros. ¿Cuántas veces tenemos que perdonar?, le dice Pedro a Jesús. Setenta veces siete, le contesta el Señor. Es decir, siempre que se pida perdón y se manifieste el arrepentimiento del mal causado. 

Cuando la soberbia del ser humano, aparece de nuevo intentando vivir como si Dios no existiera, solo basta mirar a nuestro entorno para darnos cuenta de lo lejos que estamos de que este mundo sea un paraíso. Se sigue cumpliendo aquello de que el hombre se convierte en lobo para el hombre. Se refiere a la crueldad humana o al hecho de que, en ocasiones, nuestros peores enemigos son nuestros semejantes.

El Sagrado Corazón de Jesús, en este mundo endurecido y tantas veces injusto, donde los más débiles siempre sufren los primeros, nos vuelve a hablar de amor y misericordia como único camino para que esta humanidad,  perdida en su orgullo y autosuficiencia, vuelva a encontrar en el amor de Jesucristo los caminos de paz, justicia, comprensión y humildad necesarios para vivir como hermanos.

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Junio 2024

Sic transit Gloria mundi

 

Así pasa la gloria del mundo, se le decía al nuevo Papa el día de su coronación, cuando se quemaba un poco de lino delante de él, antes de ser coronado con la tiara pontificia. El hoy San Pablo VI fue el último Papa coronado, con la tiara que le regaló la archidiócesis de Milán de la que era arzobispo en el momento de su elección como Obispo de Roma y sucesor de Pedro. 

Contemplando al Resucitado vemos cómo pasa la gloria del mundo cuando nos fijamos en sus llagas gloriosas y su cuerpo glorificado. Solo Él triunfa del pecado y de la muerte. La Pascua es la invitación a la esperanza, al sentido común, a los valores que hacen felices a las personas; la celebración que anualmente nos invita a no malgastar la vida por cosas que dejaremos aquí…..

¿De qué le vale a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?

La Biblia nos advierte con lealtad lo pequeño que es el hombre. Entonces, para comenzar un camino de renovación, la oración, imprescindible, ha de comenzar por reconocer nuestra pequeñez, ser conscientes de nuestra condición de criaturas.

El Salmo 8, después de haber reconocido que el hombre tiene en él mismo una marca de grandeza, se apresura a precisar: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?”

El Salmo 37 aconseja: “No te exasperes por los malvados, no envidies a los que obran el mal: se secarán pronto, como la hierba, como el césped verde se agostarán”.

El malvado es el que no se apoya en el Señor, pues se orienta hacia “otros señores”. Pero el salmista le dice al justo: “Confía en el Señor y haz el bien: habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad; sea el Señor tu delicia, y Él te dará lo que pide tu corazón”.

Solo Dios puede satisfacer los deseos del corazón humano y el salmista continúa: “Mejor es ser honrado con poco que ser malvado en la opulencia”. Sin embargo, a menudo el justo parece un derrotado y el malvado parece un vencedor y la certeza del hombre de fe es que, consciente de su pequeñez, puede apoyarse en el único Grande y dejarse abrazar por Él.

San Agustín Roscelli, sacerdote genovés del siglo XIX, afirmaba: “En el paraíso encontraremos a personas que no han sido ni mártires, ni obispos, ni sacerdotes, ni teólogos…pero no encontraremos ni una sola persona que no haya sido humilde”. Sin humildad no se llega a Dios. Abramos los ojos y no repitamos los mismos errores que está cometiendo una humanidad sin Dios.

Celebrar la Pascua es dejar que el espíritu del Señor Resucitado, que sabe de nuestras acciones y desventuras nos libere y nos salve. Debemos acercarnos a Jesús con la verdad de lo que somos: ¡somos pequeños y somos pecadores! Pero ahí se da el prodigio: delante de la humildad, Dios manifiesta su deseo de perdón y reconciliación. Jesús es la buena noticia del amor de Dios; Dios no solo nos perdona, sino que, al abrazarnos nos regala la posibilidad de amar como ama Él.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Abril 2024

Buscarse un entrenador personal

 

Entre las modas de gente que sale en los “papeles” y en ciertos medios de comunicación, está la de tener un entrenador personal; sobre todo esto se pone de relieve cuando se quiere hablar de salud  y de mantener la figura como si no pasasen los años. Pero, incluso en los gimnasios al alcance de casi todos, hay personas que cuidan de “personalizar” el esfuerzo físico, dosificándolo y adaptándolo a cada constitución física y a cada edad.

Como siempre, las cosas del mundo y de la moda, las entendemos a la perfección y sin embargo, lo mismo aplicado al alma, hace muchos decenios que entró en crisis, abandonándose con mil y una excusas. Me refiero a la dirección espiritual.

La dirección espiritual va entrenando el alma y guiando con la fe, la esperanza y el esfuerzo personal, las diferentes etapas de la vida. El sacerdote, con prudencia y con la gracia de estado, acompaña al católico en su seguimiento de Jesucristo y en su vivir como hijo de la Iglesia.

Ir por libre, en cambio, no lo aceptaríamos en cualquier disciplina artística, musical o deportiva; pero hace demasiado tiempo que entró este “ir por libre” en la espiritualidad católica. No en todos ciertamente, pero sí mayoritariamente. 

El priorizar muchos sacerdotes las acciones sociales casi de manera exclusiva, primó, en ocasiones, la “actividad” sobre la “identidad” del creyente. Voluntariados y experiencias pastorales diversas, proporcionando satisfacción inmediata, llevaron a descuidar el trabajo interior, que no se ve pero que determina nuestra manera de actuar y vivir.

Hacer el bien una temporada, una etapa de la vida en que no tienes otros compromisos, sin quitar mérito a la ayuda que se presta, tenemos que reconocer que no es difícil; en cambio intentar ayudar, hacer el bien, donde estés y con quien estés, de manera permanente, no es nada fácil.

Por eso necesitamos quien nos vaya guiando, iluminando con la fe nuestras diversas situaciones; haciéndonos reflexionar sobre lo que hacemos y porqué lo hacemos y manteniendo la luz de Cristo encendida en nuestra vida, tal como la Iglesia nos entregó en nuestro Bautismo: “Recibe la luz de Cristo; que el pecado no apague esta luz”.

El director espiritual, el confesor, no es el amigo que a todo te dice que sí y que te comprende, dándote la razón; sino el que te hace pensar, te muestra tu limitación y te ayuda a fortalecer lo que está más débil. Te invita al esfuerzo personal, con la ayuda de la gracia de Dios.  

Y sí, necesitamos alguien que nos ofrezca otra perspectiva desde la fe. ¿Alguien se ha visto su propia espalda? Sí, con un espejo. Pues eso, necesitamos quien nos ayude a conocernos.

Buen final de Cuaresma y provechosa Semana Santa.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Marzo 2024

Conviértete y cree en el Evangelio

 

Donde reina el amor, crece la paz, la alegría, la libertad y el gozo de la vida. Ser hoy católico en nuestro mundo requiere decisión y valentía; apuesta por una vida mejor, junto al Dios de la paz y misericordia, y comienza ya por dignificar y renovar la vida presente. 

El cristianismo es una forma de entender y vivir la vida; la manera auténtica y completa de ser persona. Vivir según la voluntad de Dios, aceptar a Jesús como modelo permanente y universal de vida, no es una alternativa de tantas, sino la única forma justa de vivir nuestra humanidad.

Las palabras de Jesús son claras y terminantes: “Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Esto os mando: que os améis unos a otros” (Jn 15,12.17). Y esta es la enseñanza de los apóstoles: “La plenitud de la ley es el amor” (Rm 13,10).

La conversión bautismal termina en caridad, en servicio, en generosidad. Creer en Dios, convertirse a Jesús, consiste en cambiar de vida: de la indiferencia al amor, del egoísmo a la caridad. La caridad, como amor efectivo, nos obliga a reorganizar nuestra vida, nuestras primacías, la manera de emplear el tiempo, las ocupaciones y las relaciones. Sin el cambio de vida, el anuncio del mensaje se queda en retórica, palabras vacías, fantasías sin consistencia. Lo que da peso al anuncio, es la belleza de una vida regenerada por el amor de Dios.

“Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos. Esta es la Ley y los Profetas” (Mt 7,12). “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial que hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,44-46). “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). 

Los gestos de amor y las obras de misericordia de los cristianos continúan, en la Iglesia y en el mundo, los milagros de Jesús. Son los signos que muestran que el reino de Dios está ya en nuestro mundo. Cuando este amor se manifiesta de forma palpable, los hombres de buena fe se sienten tocados por la presencia del Señor. Como en tiempos de Jesús, necesitamos ver “maravillas”, las maravillas de un amor sincero que rompe las leyes del egoísmo, que va más allá de lo común, y hace sentir a la gente sencilla la presencia de la bondad de Dios. Este es el verdadero punto de partida para la evangelización.

Alegrémonos por la invitación cuaresmal que de nuevo nos hace la santa Madre Iglesia para seguir más y mejor al Señor Jesús: “Conviértete y cree en el Evangelio”.

 

Francisco Prieto Rodríguez, pbro. 

Párroco.

 

Editorial Febrero 2024